Por: @carolmarcesm

Desde el momento en que se anunció la visita de Bergoglio a Chile, comenzaron las polémicas, principalmente por dos motivos: la grosera cantidad de dinero que debía desembolsar el Estado de Chile, por motivos de “logística”, y por la crisis que sufre la Iglesia católica a nivel mundial debido a los numerosos casos de abuso infantil,  que en Chile se enfocaron en una persona: Juan Barros, Obispo de Osorno. Tod@s teníamos en la retina las desafortunadas declaraciones de Bergoglio en 2015, cuando acusó a los osorninos de “tontos” por dejarse llevar por “rumores de zurdos”, al referirse a acusaciones contra Barros.

Bergoglio llegó a Chile la tarde del lunes 15 de enero. A primera hora del martes, la Presidenta Michelle Bachelet lo recibió en La Moneda, en el único acto tipo “Visita de Estado” del líder católico y donde tod@s recordamos su discurso cuando dijo sentir “dolor y vergüenza” por el daño irreparable que han sufrido tantos niñ@s por ministros de su Iglesia. Este discurso fue noticia mundial y probablemente much@s lo aplaudimos pensando que era una buena señal de lo que podríamos esperar de su visita, sobre todo pensando en Juan Barros. Sin embargo, fuerte fue la caída que sufrimos al ver al Obispo de Osorno presente en todos los eventos masivos de Bergoglio. Trascendió que ese mismo martes, después de almuerzo, Bergoglio se habría reunido con algunas víctimas de abuso sexual, pero no las víctimas conocidas debido al caso Karadima, sino con víctimas anónimas, que no habrían dado a conocer sus casos en la prensa y que no habrían hablado mal de la iglesia católica. Es el modo en que la Iglesia católica hace las cosas. El propio Barros dijo que Bergoglio le había dado todo su apoyo luego de la misa celebrada la mañana del miércoles en el Aeródromo de Temuco.

Fueron las propias declaraciones de Bergoglio el día jueves, luego del acto masivo en Iquique, las que terminaron por hundir su paso por nuestro país, al decir que: “No hay una sola prueba en su contra. Todo es calumnia”, refiriéndose a las acusaciones contra Barros como encubridor de Karadima. Estas declaraciones dieron la vuelta al mundo y fueron portada tanto en Chile como en el exterior. Y no tardaron en verse los coletazos.

Cuando Bergoglio llegó al sillón papal, formó la Comisión Pontificia Para La Protección De Menores (PCPM), que busca combatir el abuso sexual de menores por parte de la Iglesia católica y ayudar a las víctimas. Sin embargo, ya se ha sabido de varios casos en los cuales la Iglesia ha negado información y ha brindado apoyo a los sacerdotes por sobre las víctimas. Tal como hizo en su visita a Chile. De hecho, una figura emblemática de dicha comisión, Marie Collins, renunció a principios del 2017 debido a, entre otras cosas, las muchas dificultades que ponía la Congregación Para La Doctrina De La Fe para que se juzgue a los culpables, tanto de abuso como de encubrimiento; y porque considera que las penas deben ser más severas y no se debe hablar de “misericordia” en estos casos.

Luego de su visita a Chile y Perú, donde también lo esperaba un escándalo de abuso sexual en el conocido Sodalicio de Vida Cristiana, tanto Bergoglio como El Vaticano tuvieron que afrontar no solo la mala prensa debido a las acciones y declaraciones del líder católico y la baja convocatoria que tuvo su visita en nuestro país, sino también las múltiples críticas desde el interior de la propia Iglesia, por parte de figuras tan emblemáticas como Sean Patrick O’Malley, Cardenal de Boston, principal asesor de Bergoglio en el tema de abusos sexuales y pedofilia, quien dijo que las palabras de Bergoglio fueron “de gran dolor para los sobrevivientes de abuso sexual”.

En su viaje de regreso al Vaticano, donde Bergoglio respondió preguntas de los vaticanistas (periodistas que acompañan al Papa en sus giras), pidió disculpas por haber usado la palabra “pruebas” y dijo haber hecho “una herida sin quererlo y eso me ha dolido mucho. Sé cuánto sufren […] Me doy cuenta que mi expresión no fue feliz…” y especificó que habría sido más correcto hablar de “certeza moral o evidencia”. También reveló que en 2015 aconsejó a Barros y a otros 3 sacerdotes, renunciar y tomar un año sabático, lo cual Barros habría aceptado. Sin embargo, Bergoglio no habría aceptado su renuncia en ese entonces, ni tampoco en instancia posterior cuando lo nombró Obispo de Osorno, porque su renuncia significaba aceptar su culpabilidad.

Finalmente ahora, con el paso de los días y seguramente luego de muchas reuniones y conversaciones con sus asesores y teniendo presente toda la mala prensa que ha recibido debido a este tema, Bergoglio decidió enviar a Chile a Charles Scicluna, Obispo de Malta, experto en casos de abuso sexual al interior de la Iglesia católica, Promotor De Justicia en la Congregación Para La Doctrina De La Fe y líder del equipo doctrinal que se ocupa de las apelaciones presentadas por clérigos acusados de abuso sexual, para que reúna e investigue toda la información relacionada con las acusaciones de encubrimiento por parte de Barros en el caso Karadima.

Un nuevo capítulo en esta larga historia de desaciertos por parte de Bergoglio. No queda más que esperar y ver qué sucede. Es seguro que quienes más esperan esto son las víctimas del caso Karadima, sin duda los más perjudicados por el ciego apoyo de Bergoglio a Barros. No olvidemos que las víctimas de abuso de sexual por parte de sacerdotes, son personas de fe, que ven a los sacerdotes como modelos a seguir, como guías, como amigos. Y que son traicionados no solo por esas figuras sino también por la familia católica, al no creerles y al dar todo el apoyo a los victimarios.

Veremos si Charles Scicluna hace honor a su fama y da un poco de tranquilidad y apoyo a quienes realmente lo merecen y lo necesitan: las víctimas.