Por: Carol (@carolmarcesm)

Somos un país reactivo. Ejemplos hay de sobra. Tuvimos que lamentar la horrible muerte de la bebé Emilia para que se discutiera un Proyecto de Ley con penas supuestamente más severas en casos de “accidentes” relacionados con la conducción y el consumo de alcohol, la llamada “Ley Emilia”, promovida por los propios padres de Emilia y movimientos ciudadanos. Tuvo que enfermar de gravedad un conocido periodista, quien formó un movimiento ciudadano del cual se hizo eco el Estado de Chile para crear el Fondo Nacional de Medicamentos o “Ley Ricarte Soto”. Tuvo que morir de manera horrible un joven homosexual a manos de un grupo neonazi (neonazismo chilensis) para que se le diera suma urgencia al Proyecto de Ley Antidiscriminación que daba vueltas en el Congreso desde 2006, y que luego se conocería como “Ley Zamudio”… Y bueno, podríamos seguir durante horas recordando más ejemplos.
Hoy, nuevamente, es el turno de la Eutanasia. Cada cierto tiempo aparece algún caso “emblemático” que pone sobre el tapete este tema, no solo en la mesa de las familias chilenas sino también en boca de parlamentarios y del Gobierno de turno. Sin ir muy lejos, en 2015 fue la historia de Valentina, la joven de 14 años que sufría de Fibrosis quística, una enfermedad degenerativa extremadamente dolorosa, y que murió a los meses de haber solicitado a la Presidenta Michelle Bachelet que se le permitiera morir. Hoy hablamos de la triste historia de Paula, una hermosa joven de Talca que sufre una enfermedad extremadamente dolorosa y degenerativa cuyo diagnóstico es desconocido y pronóstico reservado. Ella y su familia ruegan que se le permita morir. Que se le permita tener una muerte digna que ponga fin a su tormento. En ambos casos, el Gobierno respondió que en Chile no existe la Eutanasia.
De hecho, el INDH indica que en Chile lo único que permite la ley (Ley de los Pacientes) es negarse a recibir tratamiento que alargue la vida de manera artificial. Es más, se castiga penalmente a quien asista un suicidio y cualquier acción médica que ayude a poner fin a la vida de una persona. También indica que son muy pocos los países que han legalizado la Eutanasia Activa: Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Suiza y solo Colombia acá en Latinoamérica. Y en algunos estados de Estados Unidos, permiten el “Suicidio Asistido”. Mientras que en otros países solo se acepta lo conocido como Cuidados Paliativos (Eutanasia pasiva o “Buen Morir”), entre ellos, algunos estados de España, y otros países europeos como Suecia, Dinamarca, Noruega, Italia, Francia y República Checa. Y en Latinoamérica, algunos estados de México, así como Brasil y Uruguay.
En Chile, ya en 2004 y 2006 se presentaron 3 mociones sobre el tema en la Cámara de Diputados, pero no prosperaron. Casi una década después, en 2014, se presentaron 3 nuevas mociones (diputado Gaspar Rivas y senadora Adriana Muñoz en junio; diputado Alonso de Urresti y senador Fulvio Rossi en septiembre; y a fines de ese año los diputados Vlado Mirosevic, Claudio Arriagada, Giorgio Jackson, Tucapel Jimenez, Karol Cariola, Maya Fernández y Marcela Hernaldo). En 2015 se reactivó la discusión a raíz de la petición de Valentina, pero la Comisión de Salud rechazó el informe en mayo por 2 votos a favor (Rossi y Girardi) y 3 en contra (Van Rysselbergue, Chahuán y Goic), y así fue presentado al Senado, donde fue rechazado en noviembre con 18 votos en contra, por parte de la oposición y la Democracia Cristiana, y 13 a favor. Lo cual significó que tuviera que ser archivado, imposibilitando su discusión al menos por 1 año. Ahora en 2018, y a raíz de la triste historia de Paula, el diputado Vlado Mirósevic del Partido Liberal, busca reimpulsar aquel Proyecto de Ley, abogando por las libertades individuales y la empatía.
Como en toda discusión de temas llamados “valóricos”, hay firmes opiniones a favor y en contra en el mundo político. Pero a esto se suma además el mundo médico, tal como sucedió con la discusión de la ahora Ley de Aborto (en 3 causales). Incluso se ha relacionado con la discusión de otro tema que se ha puesto de moda debido al horrible caso de abuso y parricidio de Sophia, en Puerto Montt: la Pena de Muerte (recién derogada por el Presidente Ricardo Lagos en 2001, a cambio de presidio perpetuo calificado). Si bien tanto la Eutanasia como la Pena de Muerte tocan la muerte de una persona con la asistencia de terceros, las razones son diametralmente distintas y su comparación indica tanto ignorancia sobre ambos temas como una pobre excusa para no ofrecer una discusión seria.
La Eutanasia Activa debería ser un derecho garantizado de cada individuo, no como una obligación, obviamente, aunque siempre vale la pena recalcarlo, sino como una opción personal. Es increíble que una persona aquejada de dolores horribles, invalidantes y permanentes, o cuya vida dependa prácticamente de la asistencia de personal médico/familiares y máquinas, deba pedir, rogar, que por favor se le permita terminar con su sufrimiento, sobre todo cuando no existe tratamiento que le permita siquiera disminuir el dolor o valerse por sí mism@. Es increíble que esta discusión se haya puesto sobre la mesa de parlamentarios y que una y otra vez haya sido archivada, o dejada de lado tanto por falta de voluntad política como por los votos de rechazo de parlamentarios que insisten en imponer sus visiones personales morales y/o religiosas, en lugar de intentar legislar pensando en tod@s l@s chilen@s. Es increíble que el siglo XXI debamos seguir luchando por libertades individuales como esta, y que tengamos que esperar que se viralicen casos extremos para que la ciudadanía y los políticos se sensibilicen y pongan el tema de vuelta en discusión.
Ahora el Congreso se encuentra en receso legislativo debido a las vacaciones estivales, y cuando retome su actividad en marzo, coincidirá tanto con el cambio de Gobierno como con la renovación parlamentaria luego de las Elecciones de 2017. Tendremos a la cabeza un Gobierno conservador, aunque insista en autoproclamarse liberal, y un parlamento dividido, como siempre, por lo que deberemos prepararnos para una discusión larga y posiblemente sin mucha altura de miras, si tomamos como ejemplo otras discusiones de índole “valórica” como la del Aborto o la Identidad de Género. Y sin ir más lejos, si revisamos la prensa o incluso los tweets que ya se han dado a conocer con opiniones al respecto. A la mayor parte de la gente no le incomoda esperar, pero no podemos olvidar que hay chilen@s, representados en la persona de Paula, que necesitan una solución ya. Una solución que no tuvieron tant@s otr@s, como Valentina. Debemos dejar de ser egoístas, practicar más el arte de la empatía, de ser capaces de ponernos en el lugar del prójimo, dejando de lado nuestras creencias personales y pensamientos, y abogar por el derecho individual que debiera ser una garantía 100% segura por parte del Estado.
Espero que esta vez la discusión de este tema complete su camino en el Congreso y que podamos decir con orgullo que somos el sexto país en el mundo en el que sus ciudadanos y ciudadanas no deben pedir permiso ni rogarle al Estado para poner fin a sus vidas cuando su propio cuerpo se transforma en su torturador o su prisión.