Por: Cami Långstrump (@SerafinaMarina)

Abrimos la semana con la imagen de cuatro muñecos colgando desde el puente Condell, bajo un lienzo que transmitía el siguiente mensaje: “Pedófilos muertos, problema resuelto”. La acción se adjudica al Movimiento Social Patriota (MSP) quien ya se hiciese conocido durante el año 2017, por mensajes de índole racista y homofóbica expuestos en distintas ciudades del país.
El debate sobre la pena de muerte no comienza con este mensaje del puente de los candados. Ya han transcurrido algunos días desde que un grupo de diputados UDI llamó a restituir la pena de muerte en caso de delitos graves, esto, a raíz de lo ocurrido con la pequeña Sophia, una niña de un año 11 meses, violentada brutalmente por su padre, falleciendo en la ciudad de Puerto Montt. Si bien el mensaje que hizo noticia la mañana del día lunes, proviene de una agrupación que basa su acción en los principios del nacionalismo; muchas personas que no necesariamente se identifican con esta ideología ni tampoco con la UDI, están de acuerdo en que la pena de muerte es la solución para acabar con el abuso sexual infantil. El debate en redes sociales ha sido extenso, llama la atención la cantidad de personas exigiendo este tipo de “justicia”, como si todo se tratase de retroceder en el tiempo y volver a lo primigenio; como si en eso estuviera la solución que nos pasamos por alto, que no vimos mientras seguíamos avanzando.
A pocas semanas de la visita del Papa Francisco, la cual estuvo marcada por sus palabras pidiendo pruebas a las víctimas de abusos sexuales por parte de eclesiásticos, no deja de ser curioso el mutismo de la Unión Demócrata Independiente para ese entonces; tan contrario a esta alzada de voz actual. ¿Acaso les interesa el abusado solo cuando aún es un infante y no cuando ya ha dejado de serlo? ¿Qué pasa con aquellos que fueron abusados durante su infancia y que deben vivir hasta el día de hoy con la libertad de sus abusadores a cuesta? ¿Qué pasa con los protegidos de la Iglesia católica?
La organización Bishop Accountability publicó el listado de 80 miembros de la Iglesia católica acusados de abuso sexual en Chile, pueden revisar el listado en el siguiente link: http://www.bishop-accountability.org/Chile/. Yo me pregunto, quienes llaman a restituir la pena capital en caso de abuso sexual, ¿partirán por exigir las cabezas de los eclesiásticos que aún viven, de esta lista de 80? ¿La UDI llamará a aplicar mano dura con estos abusadores o los tratará de “pobres ancianos” como a la inmundicia que se pudre en Punta Peuco?
Volviendo al mensaje del puente que adornó la mañana del lunes recién pasado, me parece importante hacer algunas aclaraciones. El Movimiento Social Patriota (MSP) llama a matar a los pedófilos, sin embargo, estos no necesariamente son criminales. Por más que nos cueste comprenderlo, la pedofilia es un trastorno psiquiátrico que se incluye en la lista de parafilias, por lo tanto, el mensaje estaría errado. Quizá estos actantes del MSP, enceguecidos en su idea de que matar es la solución, no hicieron la diferencia entre pedófilos y pederastas. Es una lástima, porque crear ese lienzo debió tomarles su tiempo.

Otro punto destacable, es que el sistema de justicia chileno parece poco y nada confiable. Casos como los de sacerdotes acusados de abusos; o yéndonos hacia otra arista, el tan comentado caso de Martín Larraín, hijo del exsenador Carlos Larraín, quien diera muerte a Hernán Canales en un accidente automovilístico, nos recuerdan que la impunidad existe. ¿Dónde está la justicia en estos casos? ¿O es acaso la justicia chilena un beneficio para quienes pueden comprarla, pero un castigo para el más pobre? Sinceramente, veo esta exigencia de la UDI y de movimientos como el MSP, de una hipocresía que produce vergüenza ajena. Sin ir más lejos, un claro ejemplo podría dárnoslo Iván Moreira, quien exige pena de muerte para criminales, a tan solo unas semanas  de comprar a la justicia chilena con 35 millones de pesos y así evitar sus sanciones.
Restituir la pena de muerte no acabará con el abuso sexual infantil. Tristemente, creo que esta realidad no acabará y que si algo se quiere hacer al respecto, tiene que ser desde la base, desde la raíz del problema en discusión. Es difícil pedirles que se pongan en los zapatos del abusador, que recorran con esos zapatos su historia desde que este también era un niño, quizá abusado, quizá no, quizá con una naturalización de la violencia al punto de hacerla parte de su existencia y con ella trazar su destino para siempre. Bajo ningún caso quiero justificar lo que el padre de Sophia hizo con ella, padre que para mí sigue siendo un monstruo; pero quiero disociarme de ese yo mío que solo lo ve así, quiero entender de dónde deviene todo esto. Me parece que la violencia no solo está naturalizada por el abusador, muchos adultos crían a sus hijos e hijas bajo normas en donde el respeto es unidireccional: Niños deben respetar a sus padres por el hecho de ser casi que sus “dueños” y de ser mayores, se sitúa al niño solo dentro de los parámetros de la obediencia. Los niños y niñas tienen el ejemplo de ser mirados como inferiores en sus casas, en la escuela, cuando ven televisión; y en tantos otros escenarios. Eduquemos con el amor que los hará iguales a nosotros y nunca inferiores, con el amor que los hará niños libres y felices. No les demos el ejemplo de que pueden matar a aquellos que les hicieron daño, porque la justicia no solo se trata de venganza y porque probablemente un niño o  niña, de poder elegir por sí solo, no tomaría la opción de asesinar.
Me parece importante que se genere debate respecto a los últimos hechos acontecidos y que exista una preocupación por el bienestar de la infancia, pero clamar por la restitución de la pena de muerte me parece lo más alejado a una preocupación por los niños y niñas. ¿No es mejor garantizar que el abuso sexual sea imprescriptible? ¿Que una víctima de abuso se sienta protegida por el sistema judicial independiente de cuándo decida hablar y delatar a su abusador? Trabajar en torno a reformas que nos aseguren la protección de niños y niñas es tarea de todas y todos.