Por: Muriatico

La ciudad de Puerto Montt vivía un gran crecimiento demográfico. Producto del terremoto del año 60 llegaron, provenientes de las zonas rurales, miles de personas que se habían visto afectadas por dicho siniestro. Si a nivel país el crecimiento poblacional era de 3,4%, en el caso de Puerto Montt llegó al 9,2% lo que hizo aumentar su población en un 50 %. Todo esto, la pérdida de cientos de hogares puertomontinos tras el terremoto, sumado a la imposibilidad de muchos, por razones de seguridad, para retornar y edificar en el mismo lugar, llevó al inicio de las tomas de terreno, cuestión que no es sino una clara respuesta a la incapacidad de las autoridades locales y estatales para dar soluciones a las necesidades habitacionales. Un 4 de marzo de 1968, noventa familias en búsqueda de un techo llegan hasta unos arrabales en la Pampa Irigoin. Sólo algunos animales de la Feria ganadera de Osorno los recibieron con bovina indiferencia mientras pastaban por aquel lugar. Era un terreno baldío ubicado en el sector alto de Puerto Montt; siendo prácticamente un pantano, jamás fue útil para las faenas agrícolas. Noventa familias construyeron un par de mediaguas y “ranchas”, todas edificadas con material ligero, trozos de lata, fonolas y chapas de madera. Durante cinco días vivieron con visitas periódicas de carabineros, dirigidas por el comisario Rolando Rodríguez Marbán, mismo que el día sábado había llegado a decirles a los pobladores que estuviesen tranquilos; que trazaran bien las calles y que no se preocuparan ya que nadie les molestaría. El día 9 de marzo del mismo año, las órdenes del Ministerio del Interior hicieron cambiar radicalmente la situación de los pobladores y con ello la historia de Puerto Montt. Al amanecer todo se tiñó de sangre. Doscientos cincuenta carabineros llegaron al lugar bajo la estricta orden del ministro del interior Edmundo Pérez Zujovic y el intendente de la época Jorge Pérez. Los ocupantes de la Pampa Irigoin, previendo el ataque, prepararon un primitivo sistema de alarmas a base de latas atadas con alambre a baja altura las que provocaron un gran ruido que despertó a la población. Las pequeñas casas fueron incendiadas y diez ocupantes murieron acribillados por las balas de las metralletas de los carabineros, entre ellos un bebé de nueve meses que falleció producto del gas lacrimógeno. Les mataron por aspirar a uno de los más elementales y básicos derechos ciudadanos, por pretender un suelo para vivir, por soñar con una pequeña vivienda para darle un buen pasar a sus hijos. Ni el más furioso temporal puertomontino podrá borrar los nombres de:

  1. José Santana Chacón. 64 años.
  2. David Montiel Valderas. 34 años.
  3. Wilibaldo Vargas Vargas. 31 años.
  4. Luis Alderete Oyarce. 19 años.
  5. Arnoldo González Flores. 34 años, masacrado después de los hechos, por haber gritado ¡Asesinos!
  6. Jovino Cárdenas Gómez. 29 años.
  7. Federico Cabrera Reyes. 24 años.
  8. José Flores Silva. 19 años.
  9.  José Aros Vera. 27 años.
  10. Robinson Montiel Santana Bebé de 9 meses, fallecido por efecto de las bombas lacrimógenas.

Cortometraje “El Amanecer”

 

Preguntas por Puerto Montt – Víctor Jara