Por: Liss Orellana

El 30 de Octubre de 1938, Orson Wells realizó una representación radial de la novela de H.G Wells “La guerra de los mundos”, provocando la histeria colectiva de la gente, que creyó que EE.UU era invadida por alienígenas: la adaptación se convertiría en el “fake news” más famoso de la historia. Muchos años después, bajo diferentes formas de personificación, sería replicada, en la llamada “Era de la comunicación”. En la época de la representación de Wells, aún era impensado, salvo por los sueños de algunos escritores de la llamada Ciencia Ficción, poder llegar a comunicarnos estando a cientos de kilómetros, sin un cable de por medio; a raíz de la necesidad de mantener la conexión, es como llegan a la vida las Redes Sociales, cuyo objetivo es conectar, no sólo a familia y amigos, sino que también a extraños con afinidades compartidas, y es ahí donde todo explotó: vimos al mundo convertirse en esclavo tecnológico, en donde cada información se considera como la verdad absoluta, sin importar bases ni fuentes, fundar una opinión solo por el titular de una noticia, el triunfo de “a mí me lo dijeron, por eso lo creo”. 


Hoy tenemos acceso a casi todo lo que queramos, podemos leer un libro que nos guste, decir lo que nos da la gana, y en esto último, es donde nace la posverdad, donde la libertad de decir todo, juega una mala pasada, y simplemente hace cruzar la línea de lo ético, del respeto, de la honestidad hacia el otro; vemos peleas interminables, en donde ninguna de las dos partes se pone de acuerdo, comentarios que sólo buscan dañar, generar ruido gratuito, GANAR SEGUIDORES.
Si Orson Wells estuviera vivo, se taparía la cara de vergüenza.

En lo que respecta a la coyuntura nacional, el domingo pasado, asumió un nuevo Gobierno en nuestro país, y debemos afrontar, de parte de la derecha que asumió el poder,  una nueva oleada de noticias falsas y malintencionadas, como así también portadas sediciosas que dan más importancia a un porcentaje de ventas más alto que a la veracidad de la información. Como ciudadanos, debemos dar el ejemplo, no cayendo en la dinámica de las noticias falsas, derribando rumores y evitar los comentarios insidiosos.

Debemos creer nuevamente en las RRSS y en su función original, que es entretener e informar, y para que eso suceda, el cambio debe comenzar por nosotros mismos.