Por: P0Y

Desde hace un tiempo en nuestro país, especialmente en RRSS y los medios, se ha hecho una constante el llamado “Discurso de odio”, que para ser claros, es ese discurso que ataca primordialmente a minorías tanto étnicas como de género. Este discurso es difundido por personas como José Antonio Kast, Sergio Melnick y Aldo Duque entre otros. Y si bien es cierto, estos personajes individualmente son más bien ridículos, en términos mediáticos se convierten en entes peligrosísimos dado que los medios les dan tribuna y les permiten difundir su mensaje. Entonces tenemos que ya no tan sólo pueden actuar en entornos cerrados como Twitter y Facebook, sino que además tienen la posibilidad de extenderse a una mayor audiencia.

Lo anterior, si bien puede parecer más o menos inofensivo, en rigor es tremendamente pernicioso para nuestra sociedad. El discurso de odio va dirigido primordialmente a un sector de la población que es el que peor preparado está, ahora, si consideramos que nuestra actual democracia heredó el sistema educacional de la dictadura y que ese sistema está centrado en que los más privilegiados aprendan las habilidades para dirigir a los menos privilegiados, que por su parte son víctimas de un sistema que los prepara para ser dirigidos y que no favorece el pensamiento crítico, nos encontramos con un escenario tremendamente peligroso. Para graficar un poco la situación, una anécdota personal, por allá por lo lejanos 80’s, a mis 16 años, compré “Mein Kampf” en una librería de viejos, quizá influenciado por mis gustos musicales en esa época, Black Flag, Exploited, GBH, Discharge, etc. La verdad es que, gran lector de toda la vida, me devoré el librito y hasta le encontré sentido, llegué a poner una svástica en mi chaqueta “regalona”,  fue la primera vez que me rapé, empecé a despotricar contra los inmigrantes, en fin, el discurso de odio hecho persona. En esa época era inmaduro y muy poco preparado, y ese es mi punto, al poco tiempo, leí otros libros, crecí y continué con el desarrollo de mi mentalidad crítica y claro, me di cuenta de mi brutal error.

En buenas cuentas, lo relatado fue una etapa de exploración y nada más, pero ¿Qué pasa por ejemplo con los supremacistas blancos del Sur profundo de EE.UU.? Los llamados “rednecks” que son básicamente gente muy mal preparada, muchos analfabetos y ciertamente caldo de cultivo para ideas “supremacistas”.  ¿Qué pasa en nuestro país con todos esos jóvenes que, estando mal preparados sienten que los “extranjeros” les están quitando oportunidades y que además traen enfermedades y malas costumbres? Es tremendamente complejo cuando un país permite que este discurso sea difundido.

Si nombro a los supremacistas blancos norteamericanos es porque las características del discurso son exactamente las mismas, ultraconservador,  ultrareligioso, homofóbico, xenofóbico. Este discurso ya fue pronunciado en Alemania en los años treinta y tuvo su máxima expresión en el Holocausto Judío.  No es broma y no podemos por ningún motivo verlo como algo “anecdótico”.

Sumado al discurso en sí y la difusión consensuada en los medios, tenemos ciertos “defensores” del mismo, que hipócritamente no defienden el discurso en sí, sino que más bien defienden la “Libertad de Expresión” de quienes lo difunden. Esto es lo que yo llamo “Políticamente correcta demencia” . Estos “defensores” claramente, en su afán filosófico, muy a lo Cicerón, no parecen entender que su actitud los convierte en cómplices al validar el discurso. También son cómplices los medios que profitan con vender la imagen de quienes “expresan su opinión” por medio del discurso.

Además, forma parte del discurso de odio, el hecho de que los medios inviten a representantes de la comunidad LGBTIQ y los caricaturicen, o cuando una caricatura penosa de un representante de dicha comunidad como es Yerko Puchento hace “chistes” sobre Daniela Vega.

También es tremendamente violento el discurso machista y misógino que caracteriza a Sebastián Piñera y que se ve validado por todo su sector. En fin, el discurso de odio parece haberse establecido y estar siendo validado en el Chile de hoy, en donde cabe preguntarse: ¿Cuándo lo políticamente correcto deja de serlo? ¿Por qué el Estado no tiene una política clara frente a estos personajes, siendo que en estados como el alemán, quien expresa estas ideas es sancionado?

Si no se toman medidas drásticas, el resultado podría ser tremendamente nocivo para nuestro país. Es tiempo de que evolucionemos culturalmente y entendamos que quienes llegan a Chile lo hacen por mejorar sus perspectivas de vida y que cuando esto suceda va a ser en beneficio directo para nuestro país. Que quienes pertenecen a la comunidad LGBTIQ, independiente de que culturalmente no entendamos lo que implica, son merecedores del derecho más básico, que es el “ser”. Que la mujer no busca “competir” con el hombre sino que busca respeto e igualdad en todos los aspectos de la vida diaria. Creo que no es mucho pedir, ¿no?