Chile muere lenta e inexorablemente, como país, como patria de todos, porque la plata y las posesiones pesan más que la justicia, la razón, la decencia y la ética. Se hace y deshace según apellido, uniforme y patrimonio.

@Galolivares

La ideología, la forma de pensar el mundo y sus inextricables meandros, de Jaime Guzmán, se puede retratar, como vimos en otra columna que espero visite, en la siguiente cita:

“La Constitución debe procurar que si llegan a gobernar los adversarios, se vean constreñidos a seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría, porque –valga la metáfora- el margen de alternativas que la cancha imponga de hecho a quienes juegan en ella sea lo suficientemente reducido para hacer extremadamente difícil lo contrario”.

La misma no es sino un paradigma ético, una forma de comportarse con los demás que se permite, ojo, se permite usar cualquier medio –el que sea- con tal de lograr el objetivo. Exacto, compatriota, pero no sólo hablamos de Maquiavelo con ese dejo de respeto histórico al que huele el muy cínico, sino más bien a llamar tu atención respecto de que la máxima maquiavélica no es sino la más clara y simple invitación a hacer trampa…

Constreñir significa Obligar, nada más y nada menos. Guzmán coloca como tronco fundamental de “nuestra” Carta Magna el hecho de que el adversario político, la oposición a Pinochet, debe verse obligada a hacer lo que la derecha quiere, esto es, “seguir una acción no tan distinta a la que uno mismo anhelaría”. El principio fundamental sobre el que descansa la Constitución, entonces, no es democrático puesto que obliga a otros a no conseguir lo que anhelen para la Patria, a menos que ese anhelo sea el mismo que el del contrario; el principio ideológico de Guzmán parte coartando la libertad de acción del adversario político para recién empezar el juego. Si eso no es leído como una elaboradísima pero lisa y llana “trampa”, a la hora de jugar, hasta aquí no más llegamos.

He ahí una brevísima explicación de porqué la manca Concerta nunca quiso-pudo, pudo-quiso, cambiar las cosas. La ideología de Guzmán, porque ahí hay ideología mierda, redujo a simples matemáticas, la voluntad de una naciente Concertación, en principio, representante del pueblo. Con el binominal, la UDI y RN siempre lograron el tercio necesario para constreñir a la Concerta, obligándola “a seguir una acción no tan distinta a la” que la mismísima derecha anhelaría.

No hay ninguna casualidad, sino causalidad, en las declaraciones de un hoy imputado por cohecho, Pablo Longueira quien, en los medios masivos, expresó que un nuevo gobierno de la concertación no sería más que otro Cogobierno. Capítulo aparte de la misma opereta de mierda lo protagoniza la mismísima DC yanaconas chilenos que vistieron de “acuerdos” democráticos la aceptación de las reglas del juego de Guzmán (paráfrasis de Lagos) y el reconocimiento explícito de los límites impuestos por Guzmán en lo de En la medida de lo Posible (Aylwin).

Con la cancha rayada, lea la cita de Guzmán de nuevo, el margen de alternativas impuesto ha sido “lo suficientemente reducido para hacer extremadamente difícil” el cambiar las cosas a la manera en que la izquierda querría cambiarlas: estatizar, controlando o bien regulando la privatización, para asegurar derechos ciudadanos. Cuestiones que obviamente, la derecha no anhela.

Para los aún calientes con meter a la manca Concerta o la siempre rengueante NM en el mismo saco, les recuerdo que la derecha ganó hoy día, luego de que el 89 Pinochet aceptara devolver el gobierno con un siempre y cuando, con condiciones, con un pliego de peticiones que, lo vivimos, ameritó tanquetazos, tacnazos, amenazas de volver a matar –en definitiva- a la primera en que se vio amenazado. La derecha siempre ha tenido el control. La metáfora de Chile como un Fundo es muy clara. En toda gran Hacienda hay patrones, peones y capataces. Pues bien, la manca y la coja no son sino capataces a las órdenes del patrón y sí, cometieron el pecado imperdonable de transar los desaparecidos huesos de sus compañeros por relativa «paz» y descarada impunidad; seguir la lógica de la consecución de consensos a espaldas de la ciudadanía, costumbre adquirida, aprendida, de la derecha, aceptando las “reglas del juego”, con la mentada consigna “en la medida de lo posible”, además de emparentarse y enriquecerse con los mismos que los tienen “constreñidos”. Son responsables, mas no el origen de lo que nos tiene podridos. La desigualdad, la injusticia, la impunidad en la que la élite empresarial, los derechistas dueños de Chile y su brazo político, la UDI y RN, nos tienen suspendidos hace ya casi 40 años.

Volvamos. El asunto es cómo mantener todo lo que acaba de leer lo más oculto posible de la ciudadanía, cómo hacer para pasar la trampa como norma, cómo hacer para legalizar el delito, (cuestión última que es costumbre del recién asumido presidente), con una fórmula que lleva décadas metida en medio de nuestras casas, en medio de nuestras conversaciones, en nuestra cotidianidad: El Control prácticamente absoluto de los medios de comunicación, a través de monopolios organizados y relacionados. La máxima de Guzmán, esta venia a la hora de hacer trampa, traspasa todos los ámbitos; esa obligación, ese constreñir está respaldado, garantizado por los medios de comunicación.

No hay ninguna casualidad, sino causalidad, en el hecho de que la UDI, por ejemplo, siempre hable en términos de “La amplia mayoría” cuando se refiere a los chilenos, 80% de los cuales ve mucha, mucha tele. Muy por el contrario, Coloma, Silva, incluso el tarado de Moreira saben perfectamente que la tribuna les pertenece casi por “derecho de tierras”, por apellido, por ser representantes del empresariado y plantarse a tergiversar sistemática y evidentemente los hechos, presentándole a ese trabajador, agotado y miserable, un enemigo al cual temer. En Chile se pronuncia la palabra Comunista como si de un argumento se tratara; no un adjetivo, sino una idea acabada y completa respecto de gente que con mucha suerte, todavía encuentras en la mismísima Rusia…

La reciente elección presidencial ganada por quien aún posee, tanto él como su entorno político y familiar, problemas judiciales, devela, entre otras cosas, no sólo la evidente y profunda corrupción de nuestras instituciones sino que además la descarada manipulación tanto de los medios como de la información.

La constante red de protección mediática para con el candidato, imputado en plena campaña, es irrefutable como hecho en sí mismo. La, de nuevo, descarada sobreexposición de evidentes manipulaciones y falacias de todo orden para mostrar a Piñera como un hombre probo mientras la porfiada realidad nos devolvía a un tipo corriendo a refugiarse en un auto perseguido por entusiastas detractores que, de pasada, le recordaron un par de cosas, no es ni siquiera síntoma de algo sino una costumbre, un modo de ser frente a la realidad; en otras palabras, la tergiversación de los hechos para manejar la noción de realidad es un hábito de los medios.

La tele en bloque, las radios, para qué hablar de los diarios (ojo con publimetro, que es condicionamiento sociológico gratuito) insistían majaderamente en la idea de que Piñera no era sólo un dechado de virtudes sino que prácticamente, ojo, el único capaz de gobernar el país. No son para nada casuales los titulares de mierda esos en los que al país se lo sepultaba económicamente hablando; citas de la Perez hablando de Desastre, el imputado repitiendo una y otra vez la monserga de “el rumbo, enmendar el rumbo de este camino equivocado” y reforzando lo del cataclismo. No es casualidad que ningún, ni un solo medio tuviera los huevos para desmentirlo sino que muy por el contrario, le sirvieron de amplificación, se prestaron como respaldo para instalar paulatina e inexorablemente esa seguidilla de mentiras logrando, finalmente y a través de esas constantes repeticiones la instalación de la duda en algunos y la reafirmación de una «verdad» para otros. El Miente, miente, que algo queda fue usado incluso, mida usted la alevosía, por ellos mismos, por los mismos que estaban haciendo uso de esa nefasta, ojo, forma de pensar la realidad; esa, en definitiva, ideología o incluso imagen de mundo que la derecha insiste en negar para atribuirle toda la acción al mercado… que, a todo esto, se manda solo… Mienten y mienten, y claro, algo quedó: ganó el tramposo.

Lo francamente escalofriante es que este control mediático provoca que la noción de “verdad”, de “versión más creíble” para la amplia mayoría de la ciudadanía, esté definida por la cantidad de recursos que invierten los grupos empresariales consiguiendo con ello una siempre solapada influencia en el pauteo y definitivo control de las líneas editoriales de los medios masivos. La verdad ha sido sacrificada, sistemáticamente, con el único fin de mantener un status quo caracterizado innegablemente por esa desigualdad e injusticia heredadas de la dictadura.