Por: @Lichy_O

Hace unas semanas, un chico haitiano recibió dos disparos en la feria que está ubicada justo en la esquina de mi casa, por quedar en medio de una balacera por ajuste de cuentas, un balazo en la cara, y el otro en el estómago, su sangre quedó un par de días posada donde cayó herido. No hubo información ni en las noticias ni en los diarios; se sabe que se fue vivo, pero grave, al hospital, pero hasta el día de hoy no se sabe nada de su paradero. Nadie pregunta por él, porque para todos, es uno de los miles que ha llegado al país, buscando un mejor futuro para ellos, para sus familias, muchas de ellas aun en su país, sumido en crisis humanitaria desde el terremoto que los acaeció el 2010.

A muchos de ellos los veo caminar por las calles que colindan mi casa, esperando la micro o conversando en creole, su idioma natal; se les ve ayudando a montar puestos en la feria, al igual que a ese chico sin nombre que fue herido. Toman los trabajos que los chilenos no son capaces de hacer, porque, supuestamente, son mal vistos o denigrantes, como limpiar o recoger la basura, limpiar baños, o hacer aseo en los malls. Para ellos, todo lo que conlleve dinero para progresar, es bienvenido.

Ojalá que algún día tengamos las agallas de decirles que sabemos cómo se sienten, porque nosotros mismos, al llegar a un país nuevo, quizá tengamos que rebuscarnos el pan de cada día, de la misma forma que ellos hacen hoy, aprendamos a ponernos los pantalones y dejemos las risitas que deja un insulto tan nefasto como “masisi”, ya que simplemente, nos deja como seres básicos y sin cultura. No se nos olvide que nosotros NO somos 100% descendientes de españoles. Aprendamos a ser mejores personas, porque algún día, ellos nos devolverán la mano.