Por: @Libertarie

Iremos al médico – le decía, después de haberse desmayado en pleno metro con dirección a Maipú,- ¡No es necesario! -replicó con mucha rabia, debe ser que no tomé desayuno, dijo; así concluyó nuestra primera charla después de haberse desmayado por tercera vez en menos de una semana.

Con el paso de los meses tomamos la decisión de venir a vivir a Puerto Montt. “Ahí tendrás a tu familia y amigos cerca para que te cuiden”, dijo, como presagiando que lo peor estaría por venir. Sí, lo peor… “El bello durmiente” (Así le llamaba tiernamente a mi pareja dada la gran cantidad de desmayos que había tenido en Santiago y de los cuales jamás él se preocupó). Llegaba el día de nuestro aniversario de pareja y decidimos ir a Ensenada ya que es el lugar más hermoso que conocimos juntos; cocinamos, fuimos a largas caminatas por los bosques, por las noches cantábamos alrededor de una fogata que él tiernamente preparaba, a mí me gustaba ver cómo el fuego ponía distancia del uno con el otro mientras cantábamos algunas letras de Concha Buika.

Fuego, música, la persona que amaba, solos y perdidos en el campo; ya con un par de tragos bebidos ,él se abalanzó hacia mí y comenzó ese jugueteo sexual, los besos eran intensos, mis manos estaban ansiosas de tocarle cada milímetro de piel, el mismo fuego que estaba en la hoguera nos había encendido y daba paso a que nuestros cuerpos se fundieran y fuéramos solo uno. Iré por los condones- le dije. No hay, quedaron en el closet- replicó. Entonces mucho no podemos hacer, esperemos a mañana, iré a comprar a Puerto Varas- dije. ¿No confías en mí, después de dos años aún no confías? ¿Por qué me tienes miedo? ¿Te he mentido alguna vez?- dijo. Sabes que no me gusta tener relaciones sin condón, si querías follar podrías haberte preocupado de traerlos- repliqué. Después de mucho rato en silencio y beber algunos tragos y alguno que otro cuete, él intentó nuevamente y cedí, siempre supe que si cedía en esa vez vendrían otras veces que igual habría que ser permisivo en no usar protección y así fue.

All otro día dije que iría a Puerto Varas a comprar condones y alguna que otra cosa, jamás le había visto tan furioso y no fui, me quedé sumisamente acostado todo el día y muy adolorido ya que “El bello durmiente” se volvía la Bestia cuando era la hora de amar. Así pasamos tres días más, a cada charla que teníamos él se justificaba y me hacía sentir culpable por no confiar en él. Craso  error.

Volvimos a Puerto Montt con la idea de que yo había hecho algo mal y estaba en esa dicotomía de que si el amar y confiar significaba hacer el amor sin protección o no, y a la vez el pensar en que tenía que cuidarme y usar condón como lo había hecho con todas mis relaciones anteriores, y así no exponerme a tantas enfermedades que en realidad me asustaban muchísimo; ya que había visto a algunos amigos morir como moscas por el tan temido SIDA.

Al llegar a Puerto Montt comenzó nuevamente mi rutina de que usemos el condón a cada instante, él siempre ofuscado porque se lo exigía y yo inamovible en esa idea. Al cabo de un mes traté de levantarme de la cama y mis piernas no respondieron, grité su nombre mientras me ahogaba en llanto por la desesperación, ya que había perdido la movilidad y sensibilidad de estas mismas. ¡Llévame al médico!- grité con desesperación, como si se me desgarrara el alma, esos gritos que dan la sensación de que las cuerdas vocales se desprenderán de tu cuerpo. Tranquilízate, ya pasará; quizás es un calambre- dijo asustado. ¿Pero… estaba asustado por mí o por él? No, quiero ir al médico ahora- le decía mientras me arrastraba cual serpiente para poder tomar el celular que él tenía en la mano. Al cabo de unos minutos él llamó a la ambulancia, la verdad es que sin ánimos de hacerlo, tampoco se conmovió al verme así, fue cuando nacieron mis sospechas. Llegó la ambulancia – gritó- mientras yo hacía fuerzas para tomar un archivador en el que guardo todos los papeles médicos, entre ellos los exámenes del VIH que me había hecho anteriormente y que indicaban que yo era una persona saludable.

Al llegar al hospital y después de muchísimos exámenes que me hicieron para poder descartar el síndrome de Guillain Barré y otras afecciones, irrumpió el neurólogo de apellido Norambuena quien me dice que se descarta el Síndrome Guillain Barré y que hay que buscar nuevas teorías para resolver qué me estaba ocurriendo, entonces me pregunta muy seriamente: “¿Se ha hecho el Test de Elisa?”. Sí- rápidamente respondí, junto con ello mostraba todo mi historial clínico en los cuales estaban mis últimos exámenes. ¿Y usted?- le pregunta al Bello Durmiente. Sí… respondió titubeante, mientras me miraba fijamente y se derrumbaba cual hoja que cae en otoño, quizás buscando que le apoyara en su respuesta. ¿Seguro? –preguntó nuevamente el médico; confirmando que el “Bello durmiente” había despertado y reconocía su vida llena de mentiras. Entonces el doctor decidió hospitalizarme para así ver la evolución de lo que me pasaba; al irse el médico, El Bello Durmiente se despidió rápidamente y de la forma más fría como cuando te despides del cartero que trae las cartas de cobranzas . “Mañana vendré”- dijo, y se fue, así de simple. Ese “Mañana vendré” nunca llegó y es ahí donde comprendí todo, todo encajaba, los desmayos de Santiago tenían explicación, el bajo peso de él tenía respuesta, la insistencia de querer tener relaciones sexuales sin protección tenía razones..

Una semana estuve en ese hospital sin visitas de quien más esperaba, todos los días me trasladaban de una sala de hospitalizados a otra, ya que el hospital estaba colapsado, y esa era la respuesta que me daba a mí mismo al no verle llegar: “No me encontró” me decía, para justificar el porqué no le veía cruzar el umbral de la puerta. Una semana en que no supe de él, quizás fue la semana más dolorosa de mi vida, mi cuerpo se infectaba y él escapaba. La respuesta era obvia. Él era portador de SIDA y jamás me lo dijo, se supone que cuando se está en pareja se busca el bienestar del otro sin pedir nada a cambio, es entregar la máxima confianza, confianza como para señalar que tienes algún tipo de enfermedad, es lidiar con estos temas difíciles y exponerlos sin tapujos. Él no lo hizo, estaba claro.

Al darme el alta médica y al llegar a casa me di cuenta de que El Bello Durmiente estaba haciendo su maleta, prácticamente ya estaba todo listo para partir. ¿Dónde vas?- pregunté. ¡Ya sabes todo, nunca confiaste en mí y me hiciste pasar la vergüenza más grande de mi vida! – dijo, sin darme un tiempo de réplica y mientras cerraba la puerta.

No le volví a ver ni hablé más con él, no era necesario,  las respuestas estaban en mis manos el día en que recibí los exámenes en los cuales me confirmaban el VIH. Se fue porque no me amaba, se fue porque ya me había infectado, ya con esto hecho yo no le servía, ya había cumplido su cometido. A veces resulta gracioso cuando les digo a mis amigos que el “Bello durmiente” me discriminó por tener VIH, él busca gente sana para hacer todo esto y luego los desecha como lo hizo conmigo (Con el pasar del tiempo me di cuenta que una de sus parejas había hecho lo mismo con él, y que el “Bello durmiente” lo había hecho con otra persona más además de mí. Esto estaba escrito en algunas cartas y correos electrónicos que pude ver luego de su partida). El “Bello durmiente “ se encargó de disminuir mi círculo social a más no poder, se sentía feliz solo conmigo, siempre tenía una mirada o un comentario despectivo en contra de mis seres amados, alejándome de todos y cada uno de ellos. Quizá por lo mismo fue tan chocante quedarme sin él,  ya que una vez que se fue tuve la misión de rearmar mi círculo social, afiatarme con mis amigos, traer del entierro que le había dado a mis hermanos del alma para que me apoyen aunque sea con una sonrisa o un abrazo fuerte y que me digan que está todo bien. Algunos se quedaron junto a mì, mis “Hermanos del alma” que son mis amigos de la infancia, junto a ellos recibí el famoso sobre.

El nueve de Junio se cumplen cuatro años desde que recibí la respuesta más aterrante que pude tener en mi vida, la respuesta que contenía el sobre era la que ya me esperaba: VIDA HIV DUO ULTRA = POSITIVO ELECSYS HIV combi PT = POSITIVO INNO-LIA HIV I/II SCORE = POSITIVO RESULTADO ISP VIH = POSITIVO. Es paradójico que tanto “Positivo” sea la respuesta más negativa que se puede leer o escuchar, nada que hacer, Ese sobre lleno de “Positividad” fue lo que generó un sinfín de actos discriminatarios hacia mí. Todo hombre al que le señalaba que era portador del virus se levantaba muy apurado y se iba, algo le surgía a último minuto, algún drama familiar o del trabajo. Luego de ello no contestaban los teléfonos e inmediatamente bloqueaban de RRSS, algunos de ellos se daban el tiempo de propagar mi historial clínico casi como diciendo: “OJO con él, tiene vih”. Con esto cerraban la puerta a que yo conociera a algún amor o simplemente me cerraron las puertas al sexo; es muy triste y desalentador el querer unirse a otra persona y que te desechen simplemente por desinformación. Es triste ver cómo algunos familiares lavan con cloro el plato que ocupas: “Para que quede limpiecito”, cuando realmente sabes que lo hacen porque se pueden “Pegar el bicho”, o que tus “Amigos” te excluyan de sus juntas porque estás pinga´o y lo enmascaran con: “No quiero que te mojes, te puedes resfriar y puede pasar a mayores”. He vivido la gran parte de mi vida en ciudades lluviosas y heladas, sé que me debo abrigar, sé que no debo exponerme innecesariamente.

Con el transcurso del tiempo y con mi condición completamente asimilada, me di cuenta que a cierto sector político de mi país le gusta vernos enfermos y es por eso siempre se han opuesto a la educación sexual en las escuelas y liceos, o se oponen rotundamente a la entrega masiva de preservativos tanto masculinos como femeninos. En más de quince oportunidades el bloque político-religioso se ha opuesto a la entrega de información y prevención de ITS y/o sobre el VIH/SIDA , es más, en el programa de gobierno del reelecto presidente, las siglas VIH, SIDA y ITS no están mencionadas. Entonces, ¿por qué se asombran del aumento del VIH/SIDA en Chile siendo ellos los detractores de todas las campañas de educación sexual y de prevención? Hasta en esto somos discriminados, les gusta vernos enfermos para así ser más manipulables, junto con esto y con tanta humillación que ya pasamos las personas seropositivas algunos diputados UDI desean sancionar penalmente a aquellas personas que contagien el VIH. ¿Pegarán carteles en las calles indicando que somos portadores de VIH o nos subirán a algún barco como lo hizo Ibañez del Campo y así exterminarnos como en las listas Auge? Bastante discriminación tenemos en nuestro círculo cercano como para que estos políticos llamen a la discriminación masiva; nuestra mochila ya es muy pesada como para que el Estado nos cargue más peso.

Este texto es un trozo de mi vida y les comparto para acabar con la existencia de “Bellos durmientes” que se dedican a aislarnos para así poder convertirse en las bestias que desgarran hasta la médula. Cuídense, cuiden a sus amores, ya muchos nos hemos lamentado por haber tomado decisiones incorrectas que solo trajeron sollozos y lágrimas. Infórmense, la ignorancia es lo único que nos infecta de enfermedades y odios. Exijamos educación sexual obligatoria en colegios y liceos para así educar y proteger a nuestros seres amados y a todos.