Por  Cami Långstrump

Ya casi está finalizando la temporada de “Todos eran mis hijos” en el Teatro UC. Una de las obras teatrales más representativas del  neoyorkino Arthur Miller, bajo la dirección de uno de los directores más importantes de la escena teatral en la actualidad: Álvaro Viguera.

“Todos eran mis hijos” es la historia de la familia Keller,  quienes durante la Segunda Guerra Mundial le vendieron armas a la Fuerza Aérea.  De esta forma, Joe Keller ha alcanzado una fortuna que espera dejarle a su único heredero, Chris Keller, ya que su hijo Larry ha desaparecido y probablemente esté muerto. Los miedos y la culpa comienzan a revivir cuando Ann Deever, quien fuera la novia de Larry, llega de visita a casa de los Keller.

Para los amantes de Miller, del teatro en general o incluso del trabajo de Viguera, es imposible no disfrutar de esta puesta en escena, y las casi dos horas que dura la obra no son un problema. La atmósfera inquietante que logra reunirnos en torno a los secretos de los Keller, sin duda está intensificada por las excelentes actuaciones del elenco; quienes logran emocionar y sacar risas a las y los espectadores.

Además de considerar que es una obra redonda, tanto por el texto escogido, la adaptación, la puesta en escena y el trabajo actoral; “Todos eran mis hijos” revive un tema contingente y que nos ha tocado mucho las últimas semanas, nos habla de la importancia de las consecuencias, hasta dónde somos capaces de llegar con tal de conseguir dinero y poder, y cuánto estamos dispuestos a ocultar de nosotros mismos para mantener una imagen frente al mundo.

Si desean ver esta obra, quedan solo dos funciones: viernes 6 y sábado 7 de julio a las 20:30 hrs. en el Teatro UC. Por mi parte, puedo asegurarles que vale la pena absolutamente. Recuerden también, que este domingo finaliza la temporada de “Los arrepentidos” en el GAM, por si quieren acompañar su fin de semana de las maravillosas interpretaciones de Alfredo Castro y Rodrigo Pérez.