Por Henry Miller Henry

“¿Y por qué debo llorar la derrota? ¿Qué puede importarme el destino de un pueblo ignorante, reggaetonero, chelero, agresivo, pastabasero y vulgar? Lloré al pueblo del 73: culto, ideologizado, comprometido, austero, cariñoso. Esta mierda de sociedad no vale una sola lágrima”

Al momento de escribir estas líneas, nacidas de este tuit, me han aplaudido y recomendado un psiquiatra; me dicen que hablo por el dolor; me han mandado a buena parte, etc. Pero me comprometí con el mundo tuitero a ahondar en esta reflexión. Acá va entonces:

Cuando comenzó la campaña de Teletón y reapareció el producto Confort tuve la certeza de que ganaba Piñera. Parecerá que una cosa nada tiene que ver con la otra, pero sí: tiene mucho que ver. Si los amorales de la Papelera se atrevieron a poner nuevamente en Teletón el producto con que se cagaron (discúlpenme pero no existe palabra más adecuada) a todo un país es porque sabían que la mayoría había olvidado el robo. Luego, si un país de borregos olvida que un grupo de rufianes encorbatados hace menos de dos años le había metido la mano en el bolsillo, ¿cómo no iba a olvidar que hace 4 años existió el gobierno más corrupto en la historia de Chile? Ese pueblo, en tan solo 4 años, olvidó que el candidato reelecto se “entretenía” en su despacho de la Moneda en un terminal Bloomberg. Ese pueblo olvidó que el elegido el 17/12, a sabiendas que el fallo de la Haya hacía perder mar (rico mar) a Chile, ordenó a su vástago, tan sátrapa e inmoral como él, a comprar acciones de Exalmar pues el negocio pintaba bueno. Ese pueblo olvidó que el candidato electo se farreó $60.000.000.000 en un Censo que bautizó como “el mejor de la historia”. Olvidó que borró listas de espera. Olvidó que…en fin. Ese pobre y bruto pueblo que eligió a uno que ya debe estar comprando tierras en Bolivia adyacentes al Lauca para hacer otro negociado a costa de soberanía por si La Haya diera la razón a los bolivianos y dictaminara que esas aguas son de ellos. Pero el triste y patético facho pobre salió a tocar la bocina en las pedregosas, feas y sucias calles de su población periférica en su Yaris de 48 cuotas creyendo que manejaba un Audi por las arboleadas, hermosas y limpias calles de Vitacura: había ganado el “que le dará pega”. A mí ese pueblo me provoca náuseas, absoluto desprecio, tanto o más que los pijes del FA. Ahora estos muchachitos del FA tienen el escenario que por más de 4 años soñaron: un gobierno de derecha al que hacer zumbar. ¿O acaso alguien cree que al señorito Jackson o al señorito Boric no les entraron deseos de armarle un quilombo de aquellos a la Presidenta? Yo creo que todos los días, pero ahí estuvo doña Camila aterrizándolos y recordándoles que la Presidenta era del mundo de izquierda. Infames, ahora podrán jugar a los jacobinos o al Danton con su revolucioncita pequeña burguesa de mierda que me mata de risa. Despreciables. Sucios. Cobardes. Anodinos. Me queda el consuelo de que nunca gobernarán, pues si lo hicieran seguro transforman a Chile en el chiquero similar al que Jorge Sharp hizo de Valparaiso… Aunque creo que los detestaría un poco menos si acaso todos sus parlamentarios el 11-03/2018 emitieran un comunicado de un tenor similar a este:

“Señor Piñera: si ud. libera a UN SOLO abuelito de Punta Peuco, si deroga Aborto 3 causales, gratuidad o cualquier otra conquista realizada durante el gobierno de Bachelet, olvídese de que apoyaremos una ley enviada por el ejecutivo, y ojo señor Piñera: cualquier ley. Que le quede muy claro”

Desde el 17 me desenchufé de radio y TV. No tengo idea cuanto % sacó Piñera, de la misma forma que no sé cuánto sacó el 2009. No me asomo a ver la portada de un diario. Al día siguiente, el 18, compré unos audífonos a mil…para evitarme mil sinsabores. No escuchaba, solo veía a ese pueblo que eligió a un delincuente , y por la forma en que movían sus labios me enteraba de su conversación era la habitual: la hueá y el hueón. Por la radio comenzaba el Concierto para piano y orquesta N. 2 de Chopin. Ejecuta la Filarmónica de Berlín. ¡Revuélquense en la meca tontos¡, yo estoy en otra. Amigos lectores, les confirmo: no lloro por este pueblo vulgar, ramplón, consumista, morandéidiotizado. No lloro por los que optaron por el abuso antes que el desarrollo social. Qué risa me da escuchar a ilusos que aún repiten como loros: “el pueblo chileno es Inteligente”. ¿Me podrían señalar una muestra de esa “inteligencia”? El chileno es un bruto que ama el rodeo, que se alcoholiza cada fin de semana, que consume la peor TV que pueda haber en Latinoamérica, que no entiende ni lee, que no puede estampar por escrito un pensamiento, que ni siquiera habla bien el idioma como sí lo hacen otros a los que miran por debajo del hombro. En fin, el “inteligente” pueblo que eligió por segunda vez a un ramplón ignorante. (En dictadura un amigo me criticó porque yo despotricaba todo el día contra la ignorancia y ramplonería supina de Pinochet: ¿”te preocupa más eso que el desgraciado sea un criminal?” Me quedé pensando, y como en la vejez no hay espacio para la mentira, hoy lo reconozco: lo despreciaba más por ser un milico ignorante que por ser un asesino. Lo siento: era una cuestión estética. Ese mismo desprecio intelectual que sentía por Daniel López lo siento por Piñera) ¿Quieren que llore por esos estúpidos? Jamás. Alguien dijo: “solo me asombro de que aún me asombro”. Ya ni siquiera eso corre para mí. El facho pobre y el indolente que se quedó en cama merecen mi desprecio por partes iguales.

Henry Miller, diciembre de 2017.