Por Henry MillerHenry

Nunca olvido que un economista ministro de Pinochet, de apellido Barahona, siempre mencionaba a su padre como víctima de la UP. El caballero habría sufrido un infarto cuando le tomaron su fundo.

La muerte del padre se lamenta, pero de ahí a justificar las viles y cobardes tropelías en dictadura por un evento más atribuible a causas físicas que a un hecho puntual, hay una enorme distancia. Y eso hacía Barahona: equiparaba ambas cosas.

A propósito del affaire Rojas (el “converso”, pero de acuerdo a Pascal Allende, el impostor) se han elevado voces que insisten en contar “ambos lados de la historia”, como si en tiempos de la UP hubiesen existido detenidos desaparecidos, cárceles secretas, exiliados, relegados, torturados y una policía represiva que justificara lo que en el Museo de la Memoria se exhibe.

El señor Desbordes, el Ministro de RR.EE -co autor de Dialogo de Conversos- y la propia hija del presidente están en esta línea.

¿Será justo que agentes del Estado en dictadura introdujeran ratas en la vagina a una ex obrera revoltosa de un cordón industrial en tiempo de la UP? ¿Es justo que dos cabros que rayaban una pared en dictadura terminaran quemados, uno muerto y otra de por vida marcada a fuego?

O sea, según estos adalides de la “igualdad histórica” en Auschwitz se debería reservar un espacio para “judíos especuladores, comunistas, gitanos y homosexuales” con un letrero: “por esto incineramos en estos hornos a 6.000.000”

La derecha hace groseros e ingentes esfuerzos por equiparar la falta con el atropello, y cuando ya no puede sostener tal falacia, ahí viene a su auxilio el Plan Z, “los 50.000 cubanos que estaban en Chile listos para asesinarnos”. Curioso: entre el 70 y el 73 con suerte me topé con un médico cubano en un hospital, y el país tenía 6 millones menos: 50.000 extranjeros se notaban más.

Es el torpe y obtuso intento por encontrarle una “causa” al “efecto”.

Otro argumento en defensa de lo indefendible: al renunciado Rojas se le excusa por “dichos del pasado”…¡dichos del 2016¡, solo dos años atrás. Pero a la hora de justificar la represión a la derecha lo primero que se les viene a la mente es el Congreso del Partido Socialista en Chillán en 1966…tan solo 52 años atrás.

Si un muchacho a los 17 años se arrepiente de sus dichos cuanto tenia 15, se le entiende. Si un hombre de 60 se arrepiente por lo que sostenía casi con fanatismo hace 40 atrás, se le entiende. Si un hombre de 68 años como Rojas se desdice, arrepiente o ya no piensa como lo estampó en un libro, -no solo en una entrevista-si no, palabra escrita- hace solo ¡dos años¡…bueno, a ese hombre no se le entiende: se le desprecia.

Si un Arrate, un Altamirano, un Maira o un Escalona nos dicen: “no, efectivamente ya no pienso como en el 71”, nosotros reconocemos en eso si no un arrepentimiento, un cambio de rumbo después de 4 décadas de reflexión, atención; cuatro décadas, no dos años.

Bueno, Rojas “ya era”, no así lo que él representa: el negacionismo, cada vez mas vigente y en ascenso en este lindo país con vista al mar.

HENRY MILLER