Cada día, y a la luz de los hechos, se hace más evidente no solo la corrupción al interior de las FFAA sino -más grave aún- la evidente complicidad del poder político que por un lado permitió por décadas el sobresueldo de la «familia militar» amparada en la ley Reservada del Cobre; y luego, parece premiar el papel de las mismas en las violaciones a los DDHH. En efecto, no solo no derogaron la ley reservada sino que jamás hicieron nada por degradar a los psicópatas los que terminan presos, en algo que parece asilo para abuelos pudientes, recibiendo millones por concepto de jubilación y ostentando jinetas. No nos sorprendamos por esto, entonces. Parece ser la consecuencia natural de un sistema que ha normalizado por décadas la más simple y llana corrupción para con sus perros.

El equipo de Pluma Libre

 

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