Por Henry Miller Henry

 

Nada mejor que reconocer las propias limitaciones antes de ver las ajenas.
Así las cosas, diré que nunca la poesía se me dio, quizás por no ser aficionado a leerla o porque le di preferencia a la prosa, donde me siento mas cómodo.
Creo haber escrito (o intentar escribir) solo tres en mi vida:

El Cobarde, dentro de una novela de mi autoría que abarca parte de la historia de Francia y Chile entre la guerra franco-prusiana (1871) y el Mayo Francés (1968)

El Dia H, conmemorando el 70º aniversario de la bomba de Hiroshima.

Reencuentro, un homenaje a una madre cualquiera entre las cientos que han buscado a sus hijos detenidos desaparecidos en dictadura.

Mis excusas por la presunción o las faltas, pero ya aclaré: la poesía no es lo mio y esto no es nada mas que un sencillo pero honesto homenaje cuando estamos pronto a celebrar el aniversario 45º de la felonía cívico-militar.

REENCUENTRO

Madre, deja de buscarme

Mi epitafio siempre fue evidente,

Duermo donde las flores crecen sin importar la estación,

Donde jamás ha caído la noche,

¿Cómo no lo advertiste, madre querida?

¿No te extrañó esa permanente primavera que vencía al invierno?

¿Aquel obstinado rayo de luz en la densa penumbra del bosque?

Todo aquello señalaba mi tumba.

Pues el bosque no fue cómplice de mis asesinos
Oh madre querida,

Cuanto sufrimiento agregaste al sufrimiento

¡Estando tan cerca de ti!

Corre a la casa de la Maruja

Dile a mi amada que me has encontrado

Dale la buena noticia y tráela a mi tumba,

Que no se aflija si peina canas:

Me enamoré de sus ojos, y esos no han cambiado
Desde hoy vengan diariamente a mi jardín

Dejen en casa las lágrimas:

Sólo traigan tecito y pan amasado

Calientito y fragante,

Que me evoquen los aromas de mi juventud

Cuando me esperabas al regreso del colegio.
Al partir,

Echen las hojas de la tetera a los yuyos que me cubren,

Arrojen unas migas a mis amigos los gorriones,

Regresa al hogar,

Y que esta noche,
Madre querida,

Sea la primera en que tus ojos no vayan húmedos en busca del sueño:

Madre mía… me has encontrado

FIN

 

HENRY MILLER