Por: LoraxcatLoro

Me siento privilegiada de haber vivido el 11 de septiembre de 1973. Criada en una familia de derecha (la que hoy se calificaría de “facha pobre”) con el pasar de los años la vida me dio la capacidad y oportunidad de reflexionar y preguntarme si lo que escuché por años en casa de mis padres, era la verdad o no con respecto al sangriento golpe militar y luego dictadura de Pinochet.
El 11 de septiembre de 1973 yo estaba en casa de mi abuela materna en Ñuñoa, me dejaban a su cuidado durante la semana. Mi mamá volvió corriendo de su trabajo en el centro, y partimos a nuestra casa. Tengo fija una imagen: estar con otros cabros chicos del barrio, subidos en unos medidores de gas (creo) viendo pasar aviones… no entendíamos mucho, pero el miedo que nos transmitían los adultos, me hizo darme cuenta que era algo muy, muy malo.
No recuerdo más.
Con el pasar de los años, empezaron a surgir varias leyendas familiares, a partir de cosas que si eran ciertas:
Un tío que tenía un alto cargo en la Tesorería, fue llevado al Estadio Nacional, y luego liberado. Se murió de viejo el 2014, y nunca contó más detalles. Este señor que les cuento, tenía una prima casada con un general de ejército, que por este sólo “mérito” agarró embajada en un bello país de Europa en los 80. En esa condición recibió varias veces a Lucía Hiriart, y como entre viejas son peladoras, hasta Chile llegaron las historias del finísimo guardarropa y peletería que adquiría a granel la veterana Lucía.
Después oí el cuento del plan Z, las “orgías” (textual) que hacía el presidente Allende en la casa de Tomás Moro, como estos marxistas nos quitaron y acapararon alimentos y elementos básicos… y tanta porquería más.. y durante mi infancia los creí.
Otro tío fue piloto de guerra, héroe y orgullo familiar como imaginarán. Durante años escuché decir que era uno de los pilotos de los Hawker Hunter que bombardearon la Moneda ¡Sí, tal como leen! Con los años se desbarató este mito. y yo también lo creí a pie juntilla.
Y suma y siguen las historias de esta especie de “familia Buendía”, aunque no me lo crean
Por algún desconocido motivo, mi familia se salió de su esquema o alguien se “pegó en la cabeza” y me matricularon en un colegio liberal, mixto, emblemático de Ñuñoa. Gracias al Universo por lo anterior (lo menciono porque creo que eso y estudiar luego en la Universidad de Chile, terminó por sacarme de lo horrenda burbuja de mentiras en que viví mi infancia en relación a la historia de Chile en esos días de dictadura)
Pasaron los años y abrieron los registros electorales para el plebiscito de 1988. Recuerdo que partimos corriendo a inscribirnos con mi hermano. Nunca me cambié de lugar de votación, sigo votando en mi querida mesa 17, donde con inmensa alegría marqué NO ese maravilloso 5 de octubre de 1988.
Este texto salió en pocos minutos hoy 10 de septiembre. No tiene pretensiones, quizá sólo ser un humilde homenaje a la memoria.
Tenemos memoria, algunos afortunados pudimos pensar, leer y darnos cuenta que no hubo un gobierno militar, sino un sangriento golpe de estado, que fueron torturados, asesinados y hechos desaparecer miles de chilenos, no era el enemigo de alguna guerra. Que un traidor se convirtió en dictador, y junto a la derecha cambiaron Chile para siempre, dejando una herida demasiado profunda.
Tenemos memoria, y nadie nos la puede quitar.