@Galolivares

Luego de 45 años leo a Ana González (*), una anciana de 93 años que no se ha cansado de buscar los restos de su marido, dos de sus hijos y una nuera que estaba embarazada de tres meses, víctimas de la dictadura pinochetista. Por entre los típicos homenajes, las lágrimas, velatones, romerías y testimonios, leo a Ana decir una simple verdad: “El país está como lo pensó Pinochet”. Y si bien en principio quise rebelarme frente a eso, buscando algún avance, alguna luz en medio de tan drástico diagnóstico, no pude más que caer ante lo evidente.

Chile sigue con el mismo modelo económico de Friedman, la misma constitución tramposa de Guzmán, los mismos pilares que empobrecen a la gente (Retail, Banca), que degradan su dignidad (ISAPRES, AFPs), que los niegan como ciudadanos (Consumismo e Individualismo); cuestiones todas que se han ido colando en nuestra cotidianidad y que a estas alturas nos parecen de lo más normales. Mientras vamos al supermercado, matamos al almacén de barrio; nos compramos una casa que decimos nuestra pero es del banco; estudiamos para “surgir” pero terminamos endeudados con el mismo banco que nos prestó para la casa, la misma cantidad de tiempo como si nos estuviésemos comprando otra vivienda y vamos trabajando todo lo que podemos porque hay que pagar estas deudas y entonces el estrés, y nos enfermamos pero resulta que nos dan hora para fines de septiembre, pero del próximo año… mientras, los mismos rostros que compartían pantalla con el tirano están ahí, siguen ahí, opinando, pontificando, hablando de valores y principios, superponiéndolos incluso a los más elementales. Porque claro, los zurdos cantamos –no sin afectada emoción- el Para que Nunca más En Chile y levantamos el puño y lloramos por y para, y de aquí a la eternidad… precisamente porque nuestros valores claman por la injusticia, por la siempre indeseada crueldad entre compatriotas. Y mientras cantamos y lloramos con toda la razón del mundo, siguen pisoteando nuestra dignidad, nos siguen robando, nos siguen viendo la cara de imbéciles.

Tal vez sea hora de que entendamos que los dueños de Chile también tienen un Para que Nunca más en Chile, pero ellos no se limitaron a cantar, no. Crearon una constitución y un modelo económico basado en el endeudamiento que asegura que el pueblo, la gente, no vuelva a creer -nunca más- que puede ser parte activa de un país; que puede labrar su propio destino en cooperación con sus compatriotas; que puede ser dueño de algo más que una tele de 50 pulgadas. Mientras nos encalillamos con la Presto y pensamos en cuánta carne vamos a comer, cuántas chuicas vamos a vaciar, cuántos terremotos vamos a prepararle a esa tía que no se cura nunca, le seguimos debiendo funerales no solo a Ana González sino que a miles de chilenos; les debemos un lugar en donde depositar una flor, una lápida, una piedra, una cruz que puedan tocar como si fuese el hombro de aquel que les fue arrebatado por los mismos que hoy son gobierno.

La transición chilena no fue sino un acomodo cobarde y complaciente para con aquellos que no solo propiciaron las matanzas sino que se enriquecieron luego de ellas. La vuelta a la democracia no fue más que una negociación con los dueños de Chile; un “contrato” en el que se transaron hasta los huesos, hasta el derecho inalienable, antropológico, de otorgarle sepultura a los restos de los seres queridos que Ana aún espera ver cruzar el umbral de su casa, cerrada por propia decisión, hasta que eso suceda. Nunca hubo degradación de militares juzgados y declarados reos por la justicia chilena. Nunca se acabó la justicia militar. Nunca pagaron los cómplices pasivos y es más, y de nuevo, hoy son gobierno. No hay otra; nos guste o no, Ana tiene razón casi medio siglo después, “El país está como lo pensó Pinochet”.

(*http://www.eldesconcierto.cl/2018/09/11/la-dura-reflexion-de-ana-gonzalez-a-45-anos-del-golpe-militar-el-pais-esta-como-lo-penso-pinochet/ )