A 42 AÑOS DE SU ESTRENO, RECORDAMOS EL FILME NETWORK.

Por: @FantaghiroFanta

 

 

 
NETWORK o Mundo Implacable, cinta estadounidense dirigida por Sidney Lumet, se estrenó el 14 de Noviembre de 1976. Es una de una de las películas más aclamadas en la historia del cine. Tal es su trascendencia que ha sido considerada [«cultural, histórica y estéticamente significativa» por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry].

Entre sus galardones destacan 3 Oscar por: Mejor Actor Principal (entregado de forma póstuma ya que su protagonista, Peter Finch, falleció un mes antes de la entrega); Mejor Actriz Principal (Faye Dunaway); Mejor Actriz de Reparto (Beatrice Straight) y Mejor Guion (Paddy Chayefsky). Parte de su guion está inspirado en el trágico caso de Christine Chubbuck, periodista norteamericana que se suicidó en vivo en el 1972.

Howard Beale es un periodista, con 25 años de experiencia en una gran cadena televisiva USB, quien es despedido de forma inesperada por la escasa audiencia de su programa, este hecho desencadena el que anuncie su suicidio en vivo para su último programa, generando así una expectación desmedida entre sus compañeros quienes utilizarán esto para aumentar las cifras de sintonía.
La cinta tiene una fuerte carga crítica; por una parte la satirización de la televisión y por otra la impavidez del telespectador y los grandes intereses económicos que van de la mano con la industria televisiva. El mundo televisivo mirado desde una perspectiva oscura, productores ambiciosos que no escatiman el convertir la tragedia humana en un show, aun poniendo en riesgo la salud de uno de sus compañeros (Beale).

Entre las escenas memorables de la película podemos mencionar:
-El llamado desesperado de Beale instando a los televidentes a gritar su descontento, imitándolo, desde las ventanas de sus hogares “Estoy más loco que el infierno y no quiero seguir soportándolo”.
-El monólogo del jefe de la estación USB, Arthur Jensen (Ned Beatty) quien le refuta a Beale haberse entrometido con las fuerzas primarias del universo, en su llamado a los estadounidenses a despertar y mirar los grandes intereses económicos que tiene detrás la televisora; advirtiendo al periodista que no existen las naciones, sólo existe “un sistema de sistemas” basado en el dominio del dólar. No existen los Estados ni la Democracia, sólo las grandes transnacionales.
-Los discursos del acontecer actual y la impavidez humana al devenir actual, escenas que fueron incluidas en el documental Zeitgeist de 2007.

¿Y tú qué tan harto te encuentras?

Un comentario en “A 42 AÑOS DE SU ESTRENO, RECORDAMOS EL FILME NETWORK.

  1. Film norteamericano (año 1976), ganadora de 4 premios Oscar: mejor actor (Peter Finch); mejor actriz (Faye Daneway); mejo actriz secundaria (Beatrice Straight) y mejor guión (Paddy Chayesfsky)
    Bajo la conducción de Sydney Lumit esta película es el fiel retrato de un mundo competitivo donde la búsqueda del éxito importa más que cualquier otra cosa, un espacio donde obtener el mejor rating impone una implacable dictadura. Título mítico de los años 70, olvidado con posterioridad, nos presenta con maestría personajes controvertidos que se agitan en medio de un mundo tras bambalinas donde se planifican programas y noticieros que distorsionan y farandulizan la realidad.

    Han pasado 40 años desde que se rodó esta película y es de una vigencia que asombra. Un excelente guión, salpicado con notas de humor corrosivo revela el mundo televisivo tal cual es, adentrándose en lo más profundo de sus entrañas. Unos diálogos magníficos, en boca de unos personajes, cual de todos mejor retratados: un lunático locutor de televisión que se cree un Mesías, un directivo trepador y sin escrúpulos, una joven periodista ambiciosa, o el último reducto de la decencia periodística, encarnado por un impecable William Holden.
    Con mucha dificultad se puede encontrar en toda la historia del cine una película que retrate el giro que dieron los medios de comunicación en la década de los setenta, pasando descaradamente de la información a la desinformación. Revelando un cambio generacional de magnitud en los medios televisivos, esta película no deja de ser, para su época, valiente y reveladora por la naturaleza de sus mensajes muy bien llevados por uno de los mejores guiones jamás antes visto en el cine.

    Exponente de un cine que ya no se hace. Un cine crítico, maduro y con un sentido del ritmo y del espectáculo que no tiene parangón, en cuanto a poner al desnudo una sociedad despiadada y carente de valores. Un film que ahonda en el mundillo del poder, la comunicación y la volubilidad de la conciencia del ciudadano norteamericano.

    Sin duda, entre sus muchos méritos sobresalen los descollantes diálogos creados por Paddy Chayefsky, uno de los más renombrados y experimentados guionistas del cine hollywoodense. En 1976 Chayefsky, supo ver 40 años antes, en lo que se iba a convertir ese invento tecnológico, invasor de nuestros hogares. Y tanto es así, que una crónica reciente nos revela que el guión de esta película ha sido designada como uno de los diez mejores guiones en la historia universal del cine.

    Como sabemos, el cine, como relato fílmico hoy, está más que nunca dividido en dos segmentos: bien diferenciados: el cine-industria y el cine de autor, entendido éste último como la película cuyo destino está en un 100% en manos del director. También sabemos que desde que Estados Unidos lanzara su fabulosa máquina publicitaria, durante las primeras décadas del siglo XX, el cine en ese país se ha transformado en un rentable negocio, el que supera, incluso, muchas otras exportaciones norteamericanas.

    También, siempre he tenido la convicción que la mayoría de las películas ganadoras de oscares, no son necesariamente las mejores, como han pretendido convencernos majaderamente el marketing y la propaganda. Sobre todo, sus últimas versiones, puesto que ninguna de ellas ha logrado permanecer o proyectarse como un “clásico” del cine, al estilo, por ejemplo, de “Sin novedad en el frente” (1930), “Lo que el viento se llevó” (1939), o “El padrino” (1972). Al contrario, las últimas versiones, pese al éxito de taquilla, al poco andar han quedado relegadas al más completo de los olvidos. Incluso se han presentado situaciones comparativas grotescas como, por ejemplo, que el Oscar a la Mejor Película, año 1976, no le fue otorgada a “Network: un mundo implacable”, sino que a “Rocky”, un bodrio de película, una grotesca apología de la superioridad americana, personalizada por Silvestre Stallone, un paquete de actor, uno de los más malos que ha producido el cine hollywoodense.

    En su trama, Howard Beale (Finch), es un veterano presentador de un informativo nocturno que, despedido de su trabajo por un bajo nivel de audiencia de su programa, ve venírsele el mundo abajo. Beale, por naturaleza depresivo, y muy andado en eso de echarse algunas copas, no se le ocurre nada mejor que anunciar en cámara, a modo de despedida que, harto ya de tanta hipocresía y falta de libertad en el mundo de la comunicación, se suicidará en vivo y en directo el último día de cierre de su programa.

    Este anuncio trajo preocupación entre sus compañeros de trabajo y los propios ejecutivos del canal, quienes advertían que su controvertida personalidad depresiva, podrían llevarlo a cumplir su amenaza. Sin embargo, lo más sorprendente fue que la amenaza de Beale consiguió dos efectos inmediatos: Por una parte, una inusitada reacción de protesta del público televidente, y por otra, una inesperada alza de sintonía de la alicaída audiencia del canal. Y más aún, empresas y compañías empezaron a mostrar un rápido interés por auspiciar programas, salvando al canal de su ominoso estado que lo tenía al borde del colapso económico.
    Impactados por la enorme repercusión del sensacionalista mensaje de suicidio de Howard, los nuevos directivos de la cadena UBS se replantean su dimisión, reaceptándole y rediseñando para él un nuevo formato de informativos a base de “telepredicaciones”, llegando a ser conocido Beale en este nuevo formato de programa como el “poeta iracundo de las ondas:”
    Gracias a unas insospechadas dotes histriónicas, Beale en su nuevo programa empieza a adquirir rápida fama. La sintonía fue cada vez más en aumento, convirtiéndose prontamente en la figura televisiva más importante de los Estados Unidos. Su programa de Lunes a Viernes, en horario nocturno, era ansiosamente esperado por millones de televidentes, transformados ahora en fieles seguidores.

    Beale envalentonado por su éxito, empieza a creerse un predestinado. Mal que mal, cualquiera no llega a tener más de 60 millones de tele espectadores que sigan al pie de la letra sus consejos transmitidos por la pantalla. Con la fuerza de su palabra y una gran capacidad de convencimiento, el ciudadano norteamericano empieza a ver en él, un guía, una especie de Mesías que logra sacarlo de su marasmo y, más aún, de su ignorancia.
    Sin embargo, al poco andar, sus opiniones empiezan a resultar demasiado molestas para los círculos del poder del canal y fuera de él. Los ciudadanos norteamericanos, siempre ignorante del fondo de las cosas, a través de la demoledora palabra de Beale empiezan a abrir los ojos sobre la verdadera naturaleza sobre la que se sostiene la sociedad norteamericana. Empiezan a surgir voces para poner fin a las siempre más directas críticas al sistema y el poder del telepredicador. Sus penetrantes monólogos empiezan a ser considerados muy peligrosos, por el despertar que estaba produciendo en la hasta entonces dormida conciencia del ciudadano común. Los ejecutivos deciden sacarlo del camino, eso, es a lo menos, lo que deciden proponerle al Sr. Yentzen, nuevo mandamás de la cadena USB. Sin embargo, Yentzen no está tan seguro que aquello sea lo mejor para el canal, puesto que considera “que la volatilidad de una empresa es sinónimo de debilidad”, por lo que ordena que le traigan personalmente a su despacho al telepredicador.

    Se produce a continuación el encuentro entre Beal y el mandamás Yentzen, en mi opinión una escena de antología en los anales del cine de todos los tiempos. Ello por cuanto el Sr. Yentzen, en tono duro y elocuente, en una especie de monólogo-discurso, da a conocer en forma cruda la opinión que le merecen las telepredicaciones de Beale, haciéndole ver subliminalmente cual sería la línea que tendrían que seguir sus futuros discursos. Esta escena marca la cumbre de la película. El guionista introduce un monólogo de antología en los anales del cine. Un discurso, comparable tal vez con la famosa alocución de Chaplín al final de la película “El gran Dictador”, claro que con un contenido al revés, pero no por ello menos impactante y trascendente que aquel.…
    Como modo de muestra, dejemos oír por propia boca del Sr. Yentzen, lo que éste le espeta en su propia cara a Beale

    “…Usted es un viejo que sólo piensa en términos de pueblos y naciones. No existen naciones, no existen pueblos. No hay rusos, no hay árabes, no existen terceros mundos, ni Occidente. Existe únicamente un gran sistema de sistemas, un vasto y salvaje entretejido, intercalado, multivariable, multinacional dominio de dólares, petrodólares, electrodólares, multidólares, marcos, yenes, libras, francos, y rublos. Es el sistema internacional monetario que determina la totalidad de la vida en este planeta. Ese es el orden natural de las cosas hoy en día. Esa es la estructura atómica, sub atómica y universal que configuran las cosas de hoy día. Y Usted se ha entrometido con las fuerzas primitivas de la naturaleza, y Usted debe repararlo …¿Me entiende Usted señor Beale?…
    Usted aparece en su pequeña pantalla de 21 pulgadas y grita sobre América y la democracia. No existe América, no existe la democracia, sólo existe la IBM, la ITT, la Dow, la ATIT, la Exxon, etc. Esas son las naciones del mundo hoy día….¿De qué hablan los rusos en sus Consejos de Estado?…¿De Carlos Marx?…No, de sistemas de programación lineal, de teorías sobre estadísticas de problemas económicos y computan costos de sus transacciones e inversiones como hacemos nosotros. Ya no vivimos en un mundo de naciones, de ideologías Sr. Beale. El mundo es un colegio de corporaciones inexorablemente dirigidos por los estatutos inmutables de los negocios. El mundo es un negocio Sr. Beale. Lo ha sido desde que el hombre salió arrastrándose desde el barro, y nuestros hijos vivirán Sr. Beale para ver eso. Un mundo perfecto en el que no habrá guerra ni hambre, presión ni brutalidad. Una vasta y ecuménica compañía asociada en la que todos los hombres trabajarán para servir a un beneficio común, en la que todos los hombres poseerán una cantidad de acciones, con la que se le cubrirán todas las necesidades, se les moderarán todas las ansiedades y les divertirán para que no se aburran. Y yo le he elegido a Ud. Sr. Beale para predicar este evangelio”
    .
    “¿Y por que a mi? -pregunta Beale-, entre asustado y estupefacto. Porque sale Ud. en televisión tonto, 60 millones de personas le ven todas las noches, de los días de la semana de Lunes a Viernes”, fue la simple y contundente respuesta del mandamás del canal.
    Como se ve, el discurso del magnate de las comunicaciones (encarnado por Ned Beatty) al lunático profeta televisivo es demoledor, delirante y aterrador; tal vez una de las razones por las que esta película no sea más contemplada en los programas de cine de la televisión.

    Al término de la película, vemos al “poeta iracundo de las ondas” transmitiendo sus telepredicaciones en la línea sugerida por el Sr. Yentzen. Ya no critica ni al sistema, ni a los negocios ni al poder como lo hacía antes. El poder del dinero se impone sobre el poder de la palabra. Una imagen que resulta un cuadro común en nuestros días.

    Una de las enseñanzas que deja esta película es que la televisión es el reino de las emociones y de las apariencias. Nos demuestra claramente, que la manipulación es el ámbito desde donde se estimulan las emociones, poniendo en crisis los mitos de la libertad y la racionalidad. Incidir sobre las emociones permite llevar a los demás a modificar sus deseos, de manera que, creyendo hacer lo que desean, hagan lo que el emisor del programa desea. Esta película resulta fundamental para dar cuenta de los efectos de la televisión en la manipulación que hace sobre los ciudadanos.

    A aquellos que no hayan visto esta película, se las recomiendo para que la vayan a ver, y a los que alguna vez la han visto, que la vuelvan a ver. Los que somos cinéfilos tenemos una máxima: las buenas películas hay que verlas más de una vez., cuantas tantas mejor, pues cada vez que la repetimos, vamos descubriendo nuevas aristas que la hacen desplegar en todo su valor.
    Un dato adicional… Si no la encuentran, bájenla por Internet, en Rebelde Emule la van a encontrar.

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