Por: @CuentoCorto

 

En muchos aspectos, Chile se asemeja a un motel parejero. No de los baratos. Tenemos mucho mar, como los moteles caros tienen grandes jacuzzis, llenos de agua que pertenece a otros, sí a otros. Por eso la gran mayoría evita entrar, porque vaya uno a saber qué podredumbre ha quedado alojada en los tubos. No muy distante de la que arrojamos en nuestras costas con la falsa ilusión de que, al ser tan extensa, se nos presenta como un enorme sifón, un resumidero infinito que transfigurará nuestra caca vaporizada en millares de flores del desierto florido. El primer orgasmo poético de nuestro motel. Para qué hablar de los espejos, del amor y el odio con que los encaramos. Basta hacer un recorrido somero por cómo nos presentamos en redes sociales que, en rigor, debería ser un espejo de nosotros mismos. Ahí es cuando lo hacemos con esa luz trémula de los moteles, que oculta nuestros vicios y nuestras miserias físicas, nos encanta vernos como una sombra chinesca, semi reales, editados, mutilados por opción. Esos moteles no son nuestros, tienen dueño, uno que odiamos y envidiamos en su floreciente emprendimiento. Tenemos que pagar caro por estar un tiempo acotado, ponerle monedas al tiovivo. Maldeciremos el precio, pero volveremos; retornaremos porque es necesario, porque los niños están en casa, porque queremos ser vaqueros o bomberos o tarzanes y porque como país, también creemos que lo somos. Cuando estamos borrachos, igual que en los moteles, soñamos apagar enormes incendios con un solo avión, apagar clamores populares a punta de palos y gases, matar la gallina viendo a la selección, sintiéndonos, en esas camas redondas, uno de esos prohombres goleadores. Y después despertaremos con la sensación de que todo fue mentira, nos robaremos el jabón y las sales de baño, y mientras manejamos de vuelta, con el asiento pegado en la espalda, hablaremos con los amigos de lo buenos que son los moteles caros, o de lo lindo y acogedor que es nuestro país en el que además, fíjate tú, te regalan pastillas para el aliento y papas chip