Por: Trinidad Lathrop

El rechazo al Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular tiene otra cara.

El Pacto nos recuerda que los migrantes tienen derechos humanos y que Chile ya está obligado a reconocerlos y garantizarlos, porque suscribió y ratificó la Declaración Universal de Derechos Humanos. El Pacto actual solo nos recuerda la universalidad e incondicionalidad de tales derechos.
Y eso le molesta mucho a la ola fascista que vemos levantarse en nuestro país.

Una diputada de la república, que no podría ejercer su cargo si gobernara un tirano como Pinochet, se declara pinochetista, y no es la primera. Nos choca tanto, tal vez porque es joven, y creímos que las nuevas generaciones valorarían la libertad algo más que un puesto en el congreso.

Ser pinochetista hoy es avalar la violación, la tortura y homicidio, incluso de niños y niñas como un método de exterminar o anular a la oposición política, para instaurar un modelo económico que le permitiera a cierto sector de la derecha hacerse ricos saqueando al Estado.
Y quiero desmentir un tanto al exfiscal Gajardo que señala que el pacogate, el robo en Carabineros, es el mayor en la historia de Chile. NO, el robo al Estado de la derecha durante la dictadura supera lo imaginables. Porque no le robaron al Estado, se robaron EL Estado.

Recomiendo que lean “El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno“, de la periodista y Premio Nacional de Periodismo, María Olivia Mönckeberg. Se robaron 725 empresas del Estado.

Y para eso pusieron a los militares en el poder, y así mientras ellos desangraban al Estado, los militares en los centros de tortura, desangraban al pueblo de Chile.
Y sin ningún riesgo.
Si llegaba a haber procesos criminales, ellos quedarían impunes, después de todo, no mataron a nadie, usaron esbirros, como los grandes mafiosos… sin ensuciarse las manos.

Hoy, sigue igual, comprendieron que no era necesario compartir el poder con los militares para usarlos contar el pueblo, que basta alabarlos y decir que son valientes, que arriesgan su vida por el país, y los tienen comiendo de su mano.
Esta vez no van a compartir el poder con ellos, simplemente los van a usar.

Kast en todas las entrevistas que da, que los medios difunden entusiasmados, anuncia que los militares deberán cuidar el orden en un eventual gobierno de su sector.

Total, si algo sale mal, puede hacer lo que hizo Chadwick con el homicidio de Catrillanca. Se sacó de encima a un luchador Mapuche, y luego condenó públicamente, y ahora persigue en tribunales, a los asesinos.

Tontos útiles a quienes se mantiene felices con armas nuevas, dinero a destajo y alabanzas cada vez que sea necesario.

¿Y qué podemos hacer ante eso?

Aferrarnos con dientes y muelas, como dijo un general, al derecho internacional de los derechos humanos.

No tenemos más defensa que esa.

Los derechos humanos son nuestra única defensa ante el resurgimiento de una ola fascista en Chile y en el mundo, es indispensable que no perdamos esto de vista y no cedamos un milímetro en lo que se refiere al reconocimiento y protección que estos derechos exigen.
No caer nunca en justificar de manera alguna una violación a los derechos humanos, ni siquiera de los criminales de Punta Peuco, de los pacos asesinos, de los pedófilos, de nadie, nunca. Es nuestra fuerza, es nuestro escudo.

Y la Corte Suprema es quien sostiene ese escudo.

No nos sumemos al desprestigio del poder judicial.
¿Se equivoca? Sí. ¿Hay fallos que podemos calificar de aberrantes? Sí.

Pero es la garante de nuestros derechos.

A ellos recurrimos cuando se violan nuestros derechos y todo lo demás falla.

Condenar el fascismo siempre, donde lo veamos aparecer, siempre.
Educarse. Estudiar sobre derechos humanos, conocerlos, reclamarlos del Estado, siempre.

Chicos, es nuestra trinchera y es una débil trinchera si no la fortalecemos.
Y eso, lo saben quienes no adhieren al pacto. Reconocer derechos humanos a quien sea, como sea es un problema para ellos y un triunfo para nosotros.  Cualquier derecho, reconocido ya o por reconocer, es un triunfo de la libertad. Para atrás ni un milímetro.
A fortalecer la trinchera.