PAPIEREN! O CÓMO ABDICAMOS DE LA REALIDAD

Por: Trini Lathrop

La delincuencia tiene cierta utilidad económico-política en las sociedades que conocemos. La utilidad mencionada podemos revelarla fácilmente: Cuantos más delincuentes existan más crímenes existirán, cuantos más crímenes haya, más miedo tendrá la población, y cuanto más miedo haya en la población, más aceptable se vuelve el sistema de control policial. La existencia de ese pequeño peligro interno permanente es una de las condiciones de aceptabilidad de ese sistema de control, lo que explica por qué en los periódicos, en la radio, en la televisión, en todos los países del mundo sin ninguna excepción, se concede tanto espacio a la criminalidad como si se tratase de una novedad en cada nuevo día”.

Michel Foucault: “Las redes del poder”.

Globos de vigilancia ubicados estratégicamente en los sectores de menores recursos de las comunas más ricas, Lavin sugiere usar drones, cercos virtuales, cámaras que te siguen, alarmas, restitución del control preventivo de identidad, de la detención hasta por 4 horas, sin razón jurídica ninguna. Decreto Espía. Vigilancia y control.

Derechos fundamentales de las personas, como la libertad, la privacidad, la privacidad del hogar, vulnerados de manera explícita por el estado y sus instituciones… y la gente lo acepta. Y ¿cómo llegamos a eso?

Llevamos años expuestos a una campaña mediática impresionante.
Un asalto ocupa 10 minutos de las noticias, que además fueron alargadas para incluir en ella más violencia y publicidad camuflada de noticia. Te asustan y te venden, con eso se ha mantenido viva la TV, en tiempos donde internet es, lejos, la mejor manera de informarse, con la libertad de poder elegir el lugar y la hora para hacerlo.
La campaña no era muy compleja: Mostrar delitos violentos por mucho rato haciéndolo parecer una gran noticia, luego agregar a un par de vecinos o lo que sea, que sentencien antes las cámaras: “En Chile la delincuencia hace lo que quiere y no hay justicia” . La derecha acuñó la frase “puerta giratoria”. Muchos, de distintos sectores, se la tragaron y la repitieron como un mantra.
La prensa hizo suya la frase y la agregó en todas sus noticias de crónica roja. De pronto los ciudadanos de Chile quedaron convencidos de que la delincuencia es el peor problema que tiene este país. Mientras, el Poder Judicial, Carabineros, la PDI y varias organizaciones entregaban datos que mostraban todo lo contrario.

Curiosamente la gente obvía la información, asimilan lo que llega vía show televisivo. Sin embargo, uno ve gente paseando en bicicleta, corriendo, con sus aparatos tecnológicos en la mano, todos muy caros, sin ningún temor, todos los días. Familias enteras en los parques en bicicleta, teléfonos, tablets, computadoras… y eso no les da tranquilidad. La terapia de shock funciona a la perfección.

El problema está en qué le pasa al país con esto.

Al instalar el miedo a cualquier otro que no conozcas, más aún si no es del mismo nivel socioeconómico, destruyen el tejido social.
Convierten al otro en potencial peligro del que hay que cuidarse, en vez de verlo como un sujeto de derechos que vive en la misma ciudad. “La llegada del metro a Los Dominicos cambió todo” decía el Alcalde Lavín.

La desconfianza le sirve a los mismos a quienes les sirve el miedo. Habiendo desconfianza no hay unidad posible: divide y vencerás.

Los nazis “popularizaron” esto de andar con papeles en la calle, que confirmaran tu identidad y “la raza” a la que pertenecías. Cuando un soldado decía: “Papieren!” había que mostrarlos (los documentos) para obtener permiso de seguir caminando. En el Chile de hoy dirán: “¡El carné!” Y habrá que mostrarlo para seguir adelante, de lo contrario podrás ser detenido hasta por 4 horas sin orden judicial. Y Chile no reclama, Chile lo acepta, las mujeres no piensan en que a sus hijos los van a detener, los tendrán 4 horas en la comisaría, a sus hijas las van a manosear, a los chicos pegarle. No, no piensan. Tienen miedo. Los asustaron, abdicaron de sus derechos.

El Estado sonríe feliz.

La teoría del enemigo interno triunfa otra vez. En los ‘70 y ‘80 eran los “comunistas peligrosos”; en los ‘90 fueron los musulmanes; ahora son los delincuentes. Todo sirve para asustar a una población que se informa solo por la TV, que pertenece precisamente a los grupos que quieren mantener el control social. Sea obediente, trabaje, no reclame: Papieren!

Y los ciudadanos aceptan ser tratados como sospechosos, con la ilusión de tener protección asegurada. Protección que es imposible obtener en una ciudad cualquiera. Los delitos existen desde que existe la historia. Y ¿qué haremos ahora? ¿Comportarnos como ciudadanos y exigir que se respeten nuestros derechos o portarnos como sospechosos, aceptando lo que digan para no meternos en líos? Dicen “el que nada hace, nada teme” y entonces, yo les pregunto: Si nada temen, ¿por qué permiten que violen sus derechos y los de sus hijos? Si nada temen y son personas honestas ¿por qué permiten que los traten, a ustedes y a sus hijos, como delincuentes? Exigir privacidad no es temer a la justicia, lo privado no es malo per se, solo es privado. Y tener vida privada ES UN DERECHO.

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