¿ES CONCEPCIÓN UNA CIUDAD AMABLE CON SUS ADULTOS MAYORES?


Por: Francisco Córdova Echeverría. Director de Salud y Felicidad Comunal -Pencopolitania-

El debate penquista efervesce con algunos temas que sin duda nos acompañarán en los próximos años: el metro, plan regulador comunal, altura de los edificios, defensa de los humedales, por citar algunos. El alcalde Ortiz sugiere repoblar el centro de la Concepción, en tanto políticos y empresarios locales, transversalmente y a coro, discurren entusiastas sobre la necesidad de un metro para la ciudad. Ambas ideas parecen positivas. Aprovechar los servicios instalados en la ciudad mediante mayor densidad demográfica se alinea con las estrategias mundialmente usadas para hacer más eficaz el “metabolismo urbano” y por otro lado, construir un metro para Concepción, proyecta para la generalidad de la población una idea de modernidad y progreso contra la cual ningún político se atrevería a controvertir. Ahora bien, de espíritus entusiastas seguidos por desastrosos resultados hemos aprendido como país y ciudad. Puentes con los brazos al revés o que no llegan a destino o desfalcos por pagar varias veces más de los acordado a las empresas constructoras (recordar el vergonzoso “caso butacas” del estadio Ester Roa), están vivos en nuestra retina. Así, parece saludable, desde una
ciudadanía crítica, agregar una cuota de suspicacia y exigencia al momento procesar las grandilocuentes declaraciones y anuncios de los representantes políticos electos y designados. Densificar la ciudad, claro, pero ¿los departamentos que se construyen en el centro de la ciudad para qué tipo de vida están pensados?, ¿es posible desplazarse en sus interiores con una silla de rueda?, ¿caben camillas?, ¿los baños son adecuados y seguros para alguien con dificultades físicas producto del envejecimiento?, ¿son suficientes y pertinentes los espacios de recreación dentro del casco urbano? Un sistema integrado de transporte es una necesidad urgente (para ayer) del Gran Concepción. Paraderos adecuados con señalética clara, esquinas seguras, plataformas de acceso al transporte, semáforos con señales sonoras, veredas anchas y en buen estado, buses con ramplas de acceso, son algunas de las cosas que aún estamos debiendo ya con lo que tenemos. Con este complejo marco de
necesidades ¿parece adecuado quedarnos solo con la consiga “un metro para Concepción” o necesitamos integrar más elementos a la demanda de conectividad moderna, ambientalmente responsable y accesible para todas y todos.

La situación de las/os adultas/os mayores.

La Organización Mundial de la Salud en su documento -Ciudades Globales Amigables con los Mayores: Una Guía-, define las ciudades amigables con los adultos mayores (en adelante CAAM) a partir del concepto «envejecimiento activo», definido como “el proceso de optimizar las
oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”. Para que ello ocurra se precisa una serie de condiciones materiales, sociales y personales que favorezcan un digno proceso de envejecimiento y, además, sin olvidar que el paso del tiempo es permanente y a toda edad, por lo tanto una CAAM es también un agrado para todas las personas más allá de su edad. “Los edificios y las calles libres de barreras mejoran la movilidad e independencia de personas con discapacidad, tanto jóvenes como mayores. Un entorno de barrios seguros permitirá a niños,
mujeres jóvenes y personas mayores salir al exterior con confianza para
participar activamente en actividades de recreación física y social”, nos
expresa con contundencia el documento de la OMS. Para la OMS las CAAM presentan al menos los siguientes puntos de abordaje en el ámbito del transporte: Disponibilidad, accesibilidad de costos, confiabilidad y frecuencia, destinos de viajes, vehículos amigables con los mayores, servicios especializados para adultos mayores, asiento preferenciales y cortesía de otros pasajeros, conductores, seguridad y comodidad, paradas y estaciones de transporte, taxis, transporte comunitario, información, condiciones para el manejo de vehículos, cortesía hacia conductores mayores y estacionamientos. Por las características y tendencias demográ ficas de la población chilena, estas temáticas aparecen como de primer orden. Diseñar e implementar políticas públicas y estrategias orientadas hacia la calidad de vida de la población adulta mayor no es una cuestión baladí. Entonces nos hacemos la pregunta ¿Qué lugar ocupan estos temas entre tanto anuncio y pirotecnia?, ¿a quién se le está consultando?, ¿se está considerando?
Así, mis estimadas y estimados lectores, no basta con contentarse con la idea del metro pues el debate más que técnico es, en primera instancia, extremadamente humano y cotidiano. Según el INE para el 2050 uno de cada cuatro chilenos y chilenas tendrá más de 65 años y para el 2023 de alcanzará la tasa de natalidad más baja de la historia en nuestro país. Si lanzamos nuestra intención de repoblar el centro de Concepción en los próximos años, entonces, eso será con adultos mayores en al menos un 25%. Es por lo anterior que debemos corregir cuanto antes la ausencia de esta mirada de la ciudad desde el envejecimiento poblacional, y la mejor forma para ello es integrando a los mayores de 65 años como grupo especial en los procesos de información y participación ciudadana
incidente. Hablar de modificar la ciudad es hablar de cambiar las formas de vida de las personas, y no hay nada más errado e indolente que estas decisiones no consideren vinculantemente las voces de quienes nacen, crecen, crían y mueren en el área urbana.

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