NO ME DIGAI REGIONALIZACIÓN

Francisco Córdova Echeverria

NO ME DIGAI REGIONALIZACIÓN

El “No me digai lo que tengo que hacer” del ministro Chadwick al intendente Ulloa fue un ejercicio de <poder y sometimiento> espontáneo y completamente natural, pues dentro de las organizaciones de carácter oligárquico la posición -correcta- dentro del poder, de cada quien, es esencial para el orden y duración de la estructura que sostiene los privilegios en pocas manos. La cultura autoritaria no sólo presenta a la obediencia como el elemento más figurativo, dado que también está el que su poder concentrado adquiere cualidades sacras que lo hacen intocable, ya sea desde el cuestionamiento crítico como desde la autonomía del subordinado en la toma de decisiones. En el primer caso se deben obedecer las órdenes centrales “sin levantar olitas”, y en el segundo, está prohibido cualquier acto de iniciativa propia, por urgente o asertiva que sea.

Ulloa tuvo la pésima idea de querer mostrar cierto oficio como autoridad local frente al ministro del interior y la ciudadanía. Apurarlo en el punto de prensa, ese atrevimiento de darle instrucciones, de tomar la batuta correspondía ciertamente, en los códigos de la cultura del lumpen oligárquico, a un desajuste en el orden de las cosas.

El centralismo refiere a la concentración del poder en sus múltiples dimensiones, y supera el imaginario de apuntar a la territorialidad de la capital, pues ésta densidad de privilegios y poder tiene que ver más con la pertenencia a una clase social que por las cualidades geográficas de una ciudad. Bien sabemos que la oligarquía vive, estudia, se reproduce y vacaciona en los mismo sitios exclusivos. Y ésta endogamia de influencias se asienta y se enquista donde la historia le determine, haciendo de Santiago en nuestro caso, el panóptico para gobernar el país.

La “autoridad” regional designada olvidó que no participa de esta oligarquía con pedigree, sino más bien es un funcionario de ellos que descuidó <su lugar> dos veces; tanto cuando con el contralmirante Huber salieron a informar la ejecución (con toda la autoridad constitucional de respaldo) de su toque de queda fallido, que fue desautorizado por el ministro de defensa Espina, como en este último vergonzoso momento en que le corrigen como a un niño que porta mal frente a las cámaras.

Existe una sostenida resistencia desde la oligarquía centralizada en delegar poder real a la futura figura de Gobernador Regional, es más, aún está en duda si es que se llegarán a hacer las elecciones para éste nuevo cargo durante el 2020. Los que nos sentimos <viudos de la batalla de Loncomilla> añoramos con esperanza que despierten en el Bio Bío una dignidad colectiva y la voluntad aguerrida que nos permitan levantarnos, desde nuestro territorio, en contra de la excesiva concentración y abuso de poder político y económico que ejecuta la oligarquía a 550 km de la frontera ribereña del Wallmapu.

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