ESTARÁ BIEN


-¡Mirta Saldías! -nos llaman.

Se abren las puertas, atravesamos el hall, la primera puerta y la siguiente, mientras dirijo la silla de ruedas. Ella no entiende. Nos indican el box, ingresamos, la tomo en mis brazos y la acuesto en la camilla, esperamos unos minutos. Nuevamente, -¡Mirta Saldías!

-Por acá- respondo.

-¿Qué le pasó?- escucho, mientras se acerca el médico. Algo bajo, colorín, complexión fuerte que camina apresurado hacia nosotras.

-A ella le amputaron el dedo pequeño del pie izquierdo en Mayo, hoy fueron a hacerle curaciones el pie estaba hinchado y cambió de color …

-¿Es diabética?

-Sí, también es hipertensa, pero no seguía tratamiento hasta antes de la amputación, se hizo una herida …

-¿Y usted que es de ella?. Interrumpe.

-Hija.

-¿Qué está tomando?

-Está con Atorvastatina 40 mg, Aspirina, y Metformina cada 12 horas y … mientras titubeo, saco el estuche con medicamentos, aquí tengo el nombre “Cilostazol 100 mg”.

-Está infectado- expresa con seguridad, después de sacar la venda.

-Le hacen curaciones día por medio. Los enfermeros, dijeron que no es infección- miro su pie ; está más hinchado y violáceo que al salir de la casa, caen gotas de sangre al piso, siento que se me aprieta el estómago, comienzo a llorar y saco unos pañuelos para limpiar las manchas.

-Deje eso, si vienen a limpiar. Ya, ella quedará acá, tiene que verla el vascular- Sólo muevo la cabeza en señal de aprobación, mientras él encoge los hombros, entona el nombre de otro paciente y cambia de box. Se acerca una paramédico con un kit de exámenes

-¿Es tu mamá?

-Sí.

-¿Tú la cuidas?

-Sí, desde Mayo.

-Mi niña ella va a estar bien, no es necesario que te quedes, tienes que ir a descansar.

Me inclino hacia la camilla, intento abrazarla -perdóname no te quiero dejar acá – Apenas reacciona, murmura “Estoy bien, ya”  cerrando sus ojos.

Veo todo blanco, empuño un relicario que tengo en el bolsillo de la chaqueta, atravieso nuevamente: los box, el pasillo, las 2 puertas y salgo al hall de espera, miro hacia todos lados, hace señas Laura, mi mejor amiga. La cabeza me retumba, recuerdo que no he comido en todo el día, apenas puedo beber el jugo que tenía en el bolso, pienso que “ella” tampoco comió. Nuevamente se asoman las lágrimas, recuerdo el fantasma de las amputaciones, esos “casos diabéticos” de los que todos hablan. Sólo necesito tomar aire. Ya oscureció. Recorremos el patio de ingreso hasta la calle, nos espera mi papá en el auto, algo habla extendiendo la mano con unas galletas, lo escucho lejos.Explico lo que ocurre de forma escueta y un -estará bien- Ya no puedo hablar.

“Estará bien” se repitió durante toda la noche en mi cabeza como sentencia de lo que se avecinaba.

SUSANA

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