ARREBOL

@C0nticinio

Lo conocí siendo un crío, su presencia era melancolía. Solíamos merodear la ciudad, la mayor parte del tiempo, sin rumbo fijo. Esa tarde caminábamos en dirección al río. Parados en el cruce de esa avenida, ‘el Negro’, como lo apodaban, apuró el paso adelantándose; mientras yo, alcancé a oír una voz -¡No pases!- titubee y de entre la muchedumbre vi a una joven agitando su mano; en ese instante sentí un bocinazo, un golpe y un hondo aullido. Un escalofrío recorrió mi pequeño cuerpo, mis cuatro patas no reaccionaron. La historia del ‘Negro’ quedó inmersa en el arrebol intenso de esa tarde.

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