UN ÁNGEL EN MI CASA

JUAN PABLO MONASTERIO

Dejé la ropa del lavado y me senté un rato. El calor me sofocaba, de un momento a otro la casa se hizo insoportable. Pensé lo peor, tal vez todo se incendiaba y yo en el baño.
Subí al segundo piso muy despacio, el calor no me permitía más. Ahogada camino por el pasillo sintiendo a cada paso esa intuición de madre que no falla.
Fui directo a la pieza de Claudia, de la cual por debajo de la puerta y la cerradura brotaba a borbotones como una explosión una luz blanca que me enceguecía… A medida que me acercaba el calor apretaba más.

De un zuácate abrí la puerta y la luz me golpeó. Una vez dentro mis ojos acostumbrados al destello me mostraron la verdad infame la cual vive hoy. Claudia desnuda tirada en la cama los ojos cerrados y la pasión en su rostro. Sobre ella, también desnudo un monstruo con alas (así le llamo yo) un hombre muy delgado, parecía un adolescente, fuente inagotable de luz, la penetraba, mientras sus diáfanas alas se agitaban a cada embestida que lograba acertar. Mi grito desgarrador asustó al maldito, se levanto, me miro unos segundos agito sus asquerosas alas y desapareció.


Hasta el día de hoy ella no se acuerda de nada, su panza y el bebé no se lo explica, tal vez el novio eterno dice ella. Pero yo he sabido callar, mi dios sabrá por qué hace las cosas. Y el niño… hermoso bebé sin culpas, quizás que nos deparará el futuro, pienso mientras miro al niño que duerme en su cuna hermoso. Como un verdadero angelito.

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