BAILAR CON EL ALMA. UNA MIRADA DESDE EL PALCO

URSIDO ZURDO

Si pensamos en una definición más bien técnica de Danza, podríamos hablar de la ejecución de movimientos al ritmo de la música que permite expresar sentimientos y emociones. No sé si esta es una buena definición, yo creo que no; pero siento que ninguna de las definiciones que leí es lo suficientemente buena para entender la profundidad de lo que representa esta aparentemente simple palabra de cinco letras y que espero explicar en esta columna.

Cuando se piensa en danza el inconsciente colectivo general viaja inmediatamente a escenas de ballet clásico, otros más jóvenes piensan en bailes tipo street dance, pero aquellos que han tenido algún grado de acercamiento a este arte, por muy mínimo que fuere, se encuentran de golpe con una infinidad de cosas que distan mucho de ser sólo unas personas moviendo el cuerpo al ritmo de una melodía o una canción, o de la técnica o del estilo.

He tenido la gracia de conocer a varias personas que practican este arte de manera bastante seria y profesional, y el común denominador en todas las opiniones, es que su práctica va mucho más allá de ser una actividad de tipo recreacional o terapéutica, aun cuando hayan partido de esta manera. La danza es una forma de vida, y aquellos que la practican sienten cómo vibran cada una de sus células cuando su cuerpo empieza a moverse y a expresar aquello que trasciende sus almas, lo cual pueden verse claramente no sólo en sus movimientos, si no en sus rostros, donde aflora una de las demostraciones más poderosa de la conexión entre lo emocional y lo físico.

La imaginación, la pasión, la paz, la espontaneidad y por sobre todo la creatividad explotan a través de la expresión corporal estableciéndose una profunda comunicación entre el interior del ser humano y su entorno. La danza es un canal por donde las vivencias, las historias, los pensamientos y los sentimientos van y vienen entre el que danza y el que observa.

El cuerpo habla, es un hecho. Y la danza es un medio donde se entienden cosas no se pueden representar en un mundo material. Incluso, tal como leí por ahí, “la danza va más allá del cuerpo y es una de las formas más hermosas de entrar en contacto con emociones muy profundas, sobre todo cuando se hace con consciencia, no desde intentar hacer acrobacias o inflar el ego, sino desde la humildad de entender que este cuerpo que tenemos es capaz de conectar directamente con el alma para expresar sus más profundos sentimientos” (La danza como camino para el alma. Arlain. Febrero 2018).

No pretendo idealizar a los artistas de la danza. Pero si me he dado cuenta que muchos de ellos están profundamente conectados con sus emociones y su interior, y son capaces de pararse frente a aquello que duele o molesta adentro, a veces para enfrentarlo, otras para retenerlo, pero nunca para desconocerlo. Es una característica que no muchos artistas de otras expresiones tienen, y que se explica como ya señalé antes; por la poderosa conexión entre lo emocional y lo físico.

Otra cosa que me he dado cuenta, es que en esta conexión y dualidad, muchas veces no hay cabida para lo mundano, y en particular para aquellos que ven la danza como un arte sublime. El respeto y el deseo de expandirla lleva a estos artistas a educar e intentar llegar lo más lejos posible para entregar sus conocimientos, técnicas y consejos. No quiero decir que en este mundo no hayan peleas, descalificaciones, celos y envidias, pero eso no es más que el ya conocido factor humano que deja su huella en todo orden de cosas.

Ver a niñas y niños, jóvenes y adultos practicando frente a una profesora es una experiencia tremendamente enriquecedora donde uno puede aprender miles de cosas y donde inevitablemente se ven reflejados momentos pasados y presentes. Todo eso nos habla. Desde el ansia de movimiento de los niños, hasta las primeras frustraciones que sienten los adultos cuando empiezan a practicar. Se aprende de amor propio, respeto y pasión.

También es interesante ser testigo de las prácticas de personas que llevan años en estas lides. En especial cuando se preparan coreografías. A veces es gratificante y otras muy duras, donde se mezcla la exigencia de la búsqueda de la perfección técnica, con las diferencias propias de las integrantes del elenco, los nervios previos a una presentación y los análisis posteriores que van desde lo constructivo hasta la innegable mala intención; y que desde mi humilde perspectiva, hace madurar al artista para enfrentar la tarea más importante que sigue después del baile: preparar a las futuras generaciones.

Es por esto y por mucho más, que hoy quiero rendir un homenaje a aquellas y aquellos que desde todos sus logros sean internacionales, nacionales, regionales o simplemente personales, han hecho crecer este arte, que según muchos, junto a la música es la más antigua de todas las representaciones artísticas que nos elevan a lo infinito.

Un abrazo en este 29 de abril a todos los que bailan con el alma y les deseo un feliz Día de la Danza.

Úrsido Zurdo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s