EL EMPRENDE/MIENTO EN CHILE – LA MENTIRA DE SALVARSE SOLO

FRANCISCO CÓRDOVA

Las cifras son preocupantes, en las próximas dos décadas el posible que el 50% de los empleos en Chile sean automatizados y no estamos siendo capaces como país de impulsar una industria ambientalmente responsable, de valor agregado, que sea parte de la vanguardia tecnológica en la que trabajan los países dominantes del planeta. Frente a esto, la principal respuesta de la ideología capitalista chilena del siglo XXI es -arrégleselas solos-, haciendo del esfuerzo individual y competitivo supuestas virtudes que resolverán por sí mismas, el entramado político económico ecológico global en que nos hemos metido como especie.

La apertura comercial chilena comenzada en los 90´s  con la intención de “abrirse al mundo” y a nuevos mercados, y como le ocurre a los países esencialmente vendedores de materias primas, generó un rápido reventón de las pocas y pequeñas industrias locales. El mundo fabril del Gran Concepción ha visto año tras año, en las últimas dos décadas, una constante muerte de sus industrias de calzado, textiles, de loza y ya falta poco para que toque suelo Huachipato, que no es capaz de competir con el acero chino (de menor calidad pero barato), lo que aumenta las cifras de desempleo y con ello la precariedad mi miles de familias.

Esta causa política (sí, las decisiones económicas son políticas, aunque le juren de guata que es algo técnico) del desempleo local nos obliga entonces a buscar el escaso trabajo ofrecido en: el aparato público (repleto de -militantes- con puestos inventados), en la construcción o en el mundo de los servicios educativos y de venta.  Y es en este punto de escasez de empleo donde la lógica neoliberal, inteligente pero macabra, aplica su presión para extenderse hasta en la vida misma de cada uno, pues si “te va mal es porque no has aprendido o querido ser un emprendedor”, “te va mal porque no has querido salir adelante por tu propia cuenta como lo hizo Fulano de Tal”, “te va mal porque no quieres tomar las oportunidades que te da la vida (el mercado)”. Y así sucesivamente nos van indicando que si no hay trabajo, si no hay empleo, si no hay dónde ganarse el pan diario, tú debes transformarte en tu propia empresa, es decir <debes ser un emprendedor>.

Ser un emprendedor es tomar tus habilidades, los recursos que tienes y tus redes de contacto para hacer de ti mismo (tu hacer diario) una empresa, que si fracasa, es de tu completa responsabilidad individual. Debes ser además un vendedor, un buen vendedor, que de no vender, expresa su incapacidad de “tomar las oportunidades que están al alcance de todos”. Basta con decir que no todos podemos reunirnos con el presidente de un banco para que podamos obtener un crédito para hacer jugosos negocios, o que no todos heredan bienes a los cuales echar mano para capitalizar. Si usted no tiene “pitutos” es porque naciste en la familia equivocada, y eso, bajo la lógica del mérito que ofrece el neoliberalismo, es responsabilidad tuya, increíblemente.

Acordemos que todas las personas humanas somos diferentes y únicas. Ninguna es igual a otra físicamente y menos, psíquicamente. Cada quien tiene sus talentos, intereses y por supuesto, goce y felicidad por cosas y experiencias distintas. Los negocios, aquello de buscar ganancias económicas vendiendo cosas, incluyéndose uno mismo, no son una disciplina de vida de la que todos disfrutan o que les interesa. Para vender hay que tener cierta personalidad extrovertida, para motivarse en los negocios hay que encontrarle el gusto a la vida mediante la ambición de acumulación de dinero, pues el éxito en el mundo materialista se define por cuánto logras acumular y controlar del mercado, hasta ser el muerto más rico e importante del cementerio. Hay adrenalina y entusiasmo en muchas personas al comenzar un negocio, pero para otros perfectamente puede ser un infierno al que se ven obligados estar, porque si no lo hacen, la sociedad del rendimiento (como dirían Byung-Chul Han) les dirá que son unos fracasados.

El “emprendimiento” individual es impulsado por los gobiernos neoliberales como la salvación ante la falta de políticas que promuevan un trabajo manufacturero de valor agregado. Primero porque responde al escalón inicial individualista de la ideología capitalista, “usted está sola o solo en este mundo, nadie la va ayudar, todo depende exclusivamente de usted, de su esfuerzo, de su mérito, de qué tan bien le vaya compitiendo con el resto de los seres humanos”, y lo segundo, porque los países yes man (verdaderas colonias) de los grandes capitales internacionales están, a estas alturas, prácticamente imposibilitados a competir industrialmente con China, India o EEUU (que ahora llora por medidas proteccionistas luego de andar promoviendo los tratados de libre comercio hace un par de décadas atrás). En el fondo es: “no nos pida empleo a nosotros, usted es responsable de salvarse solo”.

El neoliberalismo es la extensión del mercado a todas las esferas del ser humano. Lo que eran derechos se transformaron en bienes de consumo, lo que es esencial para la vida plena de todo ser humano hoy depende del poder adquisitivo que tienes. El agua es propiedad de pocos, sexo es comercial, el amor es comercial, la muerte es comercial y la existencia misma hoy es parte del mercado. Ya no somos pueblo, ya no somos ciudadanos, somos consumidores y/o empresarios, nada más.

Esta especie de capitalismo popular esconde la importancia y el rol de la sociedad en el bienestar individual. No podemos ser sin los otros. No somos una especie de animales homínidos que viven aislados, solitarios, sino todo lo contrario; somos gregarios, de formar familias y clanes de manera instintiva en inmediata frente a las adversidades de la naturaleza. Es preocupante esta instalación en la subjetividad colectiva de la falacia neoliberal del -emprendedor-, de que podemos avanzar en equidad y justicia mediante un país lleno de personas compitiendo y salvándose solas con sus negocios personales, porque no es posible ni humana ni matemáticamente hacer que todo el mundo sea un comerciante, y menos posible es pensar el futuro de la humanidad sin el espíritu de la colaboración y de solidaridad que permite que seamos algo más que bestias depredando. 

Francisco Córdova Echeverria
Magíster en Dirección y Liderazgo para la Gestión en Educación
Cirujano Dentista

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