EL POLLO SIN CABEZA

URSIDO ZURDO

UNA ESCALOFRIANTE FOTOGRAFÍA DE NUESTRO PAÍS.

Cuando pensé en escribir esta columna, después de hacer el punteo de ideas, sentí que este título le vendría mejor a un cuento de terror suspenso, pero cuando desarrollé este tema me di cuenta que no estaba muy lejos de ser un relato, al menos, escalofriante.

Hace algunas semana atrás buscando información en internet para una tarea de mi osezno, me encontré con un link que apuntaba a la macabra historia de un pollo sin cabeza, y recordé que alguna vez lo había escuchado, cuando era un oso pequeño pegado a la tv viendo Aunque usted no lo crea con Jack Palance. Es una historia bastante tétrica para contarla en esta columna, así que investíguenla ustedes si quieren calmar vuestra morbosa curiosidad. Pero en resumidas cuentas, era un pollo que siguió vivo casi 2 años después que un granjero estadounidense con ganas de comerse una cazuela y con muy mala puntería, erró en esa triste pero necesaria labor pre culinaria de matar al ave… (jejejeje, ya sé lo que están pensando).

Esta historia me hizo pensar en la penosa realidad que estamos viviendo en Chile, donde la gran mayoría de los conglomerados políticos actuales carecen de algún rostro que genere una mínima confianza masiva para poder dedicarle amorosamente una raya vertical en el voto; considerando además que ninguno de estos rostros supera el 15% de las preferencias en las tan “veraces” encuestas que pululan por los medios de prensa, y donde es muy difícil que personajes como Jadue o el del otro lado, que ni siquiera quiero nombrarlo, reciban apoyo del resto de los partidos cercanos o medianamente cercanos a ellos.


Este es el fruto de lo que históricamente hemos visto y vivido en los últimos cincuenta años, con una dictadura que vendió Chile al mejor postor y repartió a dedo los bienes nacionales con la tranquilidad que dan las armas y el terrorismo de estado en su más abyecta expresión; con un gobierno de transición que justificó su miedo al maldito dictador y a sus esbirros bajo la idea de “en la medida de lo posible”; con un gobierno del ahora empresario de vinos que vendió el agua y siguió privatizando lo que pudo, con un Lagos que detrás del escudo de su dedo y su discurso de preocupación por el pueblo dejó al gran empresariado hacer todo lo que ellos quisieron, con un gobierno de Bachelet donde casi toda esa jauría de inconsecuentes colaboradores terminaron sacándose las máscaras y sentándose en los directorios de los titiriteros que manejan los hilos de este país; y para rematar en el suelo a nuestra historia, con un Piñera que terminó perfeccionando y puliendo, sin el más mínimo pudor, todo lo hecho en las sombras por las familias y grupos económicos nacionales e internacionales y que transformaron a este país de un elaborado laboratorio del capitalismo mundial a una adornada y bien maquillada versión moderna del feudalismo medieval.

Frente a esta patética realidad, es totalmente comprensible la desconfianza del chileno que piensa. Y si a esto le sumamos la decisión que años atrás tomaron los honorables de aprobar gobiernos cortoplazistas de 4 años, junto con el voto voluntario, a sabiendas que el electorado chileno es bueno para hablar y reclamar, pero muy flojo a la hora de ir a votar, terminó por perpetuar a las mismas marionetas que son manejadas por los grupos de poder; y que es una señal clara del sucio, oculto e inhumano manejo que ha guiado el destino de nuestro país en estas décadas. Es inevitable ponerse un poco conspirativo frente a esto.

Me cuesta mucho imaginar cuándo esta dolorosa realidad política va a terminar. Y mi imaginación se ve aún más opacada por la apatía, el negacionismo y la ya establecida, cómoda y conveniente ignorancia histórico/cívica que se vive en estos días, y que nos ha llevado a terrenos tan peligrosos como la farandulización del quehacer político, donde son noticia las cuentas públicas en pistas de patinajes, chistes machistas de mal gusto y personajes televisivos que hacen gala de su pobreza intelectual señalando su interés en postular a algún cargo público de elección popular. Esto no es nuevo. Es un proceso involutivo que hemos observado desde hace mucho tiempo y me trae a la memoria casos como las gigantografías de la campaña de una diputada años atrás, que mostraba un gran e incomprensible REFRÉSCATE como eslogan político.

Puede que esto suene muy descalificador y pido disculpas desde ya si ofendo a algún personaje o a alguna intención de voto, pero no podemos obviar los síntomas claros de una enfermedad que avanza muy rápido mediante la instrumentalización, banalización y decadencia del trabajo político partidista que hemos visto últimamente, donde el fin justifica los más increíbles medios.

Pienso en la historia política de nuestro país, no sólo en su fondo, sino también en su forma. Desde adolescente me ha gustado conversar con personas de la tercera edad, preguntarles cómo era el Chile en que ellos vivieron, y siempre me encontré con un común denominador: el respeto hacia la labor pública, donde la opción política no alteraba esta visión general. Ellos me contaban de personajes históricos como Pedro Aguirre Cerda, Jorge Alessandri Rodríguez, Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende y cómo eran duramente criticados por sus opositores, pero a la vez respetados en su servicio a Chile desde su pensamiento y en su visión de la labor pública.

Es difícil que las generaciones actuales conozcan esta parte de nuestra historia, pues no es un tema a considerar en los planes de estudio escolares, y porque además es una visión bastante incómoda para el mundo político actual. La desidia e ignorancia histórica y cívica de gran parte de la población, junto con el individualismo y la aparente comodidad que ha dado la esclavitud del consumo de lo innecesario, han sido el mejor caldo de cultivo para esta triste realidad que vivimos hoy, donde la política chilena no es más que un pollo sin cabeza que vaga por todos lados esperando que sus amos empresarios lo alimenten con gotas de agua y algunos granos, tal como lo que ocurrió en historia con la que abrí esta columna y que los invito a investigar, para que mediten y se den cuenta de la escalofriante realidad política que se nos avecina si no hacemos algo ahora con nuestro voto, nuestras palabras y con la solidez de nuestras convicciones.

Un abrazo desde la esperanza de un Chile mejor.

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